A sus 43 años, Manuel Montserrat sigue enganchado a las motos. No hay día en el que deje de pensar en sus dos 'harleys'. Y eso que, en invierno, ni siquiera puede sacarlas del garaje. Vive en Baqueira Beret, en pleno pirineo leridano, y ahí la nieve suele hacer estragos. En verano, se coloca una cinta en el pelo, una chupa y un pendiente de Harley Davison. Son sus señas de identidad entre los moteros. Una vez ataviado, deja atrás a su profesión y sus familiares más cercanos -mujer y tres hijas- para asistir a certámenes como el Fantasy Show Bike de Sestao.
-¿Está loco por las motos!
-Tengo una pasión por las 'harleys', que nació cuando era bien jovencito. Se me metió en la cabeza que quería una moto de estas y no paré hasta reunir el dinero para comprármela.
-Y lo logró.
-Tuve que trabajar como un desgraciado y, después de varios años, en el 84 me hice con mi primera Harley. Por entonces, me costó tres millones de pesetas. Más adelante -en 1989- me compré una nueva. Las utilizo indistintamente, porque la edad no les pasa mucha factura.
-El mantenimiento también le saldrá por un pico...
-No creas. Al año sale bastante barato, siempre que no te dé por adornar la moto, cambiarle las piezas o cosas similares.
-¿Consumen mucha gasolina?
-¿Qué va! Siete u ocho libros a los cien kilómetros. Menos que un coche. Es una de las cosas buenas que tienen estas máquinas.
-¿Ya le saca el suficiente partido a las motos?
-Buff, un montón. Sobre todo en verano, utilizo una de ellas a diario. También tengo un coche, pero ese es para el invierno. En cuanto sale el sol, siempre dejo el turismo a un lado.
-Veo que no se cansa. ¿Suele ir a muchas concentraciones?
-Cada vez me gusta más el mundillo. Todos los años voy a varios encuentros y se puede decir que invierto mis vacaciones en esto. Antes que ir a la playa.
-¿Qué opina su familia de su gran pasión?
-A ellas también les gusta esto. Algunas veces vienen conmigo, pero si no me voy yo solo. O con algún amigo de Lleida. A Sestao he venido, precisamente, con uno. Luego nos juntamos con más gente de Cataluña. Pertenecemos a una agrupación con sede en Calafell, en Tarragona.
-Con tanto viaje, habrá hecho muchos amigos.
- Muchísimos y de todas las partes de España. También he estado en otros países.
-¿Son una 'tribu urbana'?
-No, para nada. Sólo amamos el mundo de las motos. Somos muy abiertos y solidarios. Al contrario que los conductores habituales de coches, nosotros paramos siempre a ayudar a otro motero.