«¿Ugarteko para 130! Salimos». Félix, el jefe de patrullas del Grupo I de la comisaría central de la Ertzaintza en Bilbao, anuncia por la emisora que su vehículo, Charlie 1, abandona la base a medianoche del pasado viernes. Inspector de la primera promoción de la Policía autónoma, Félix lleva 24 años «en la calle». Es un mando respetado entre los agentes de base. La guardia se prolongará hasta el amanecer. Se prevé una noche tranquila. Es verano, el termómetro marca 20 grados de temperatura en el exterior y la luna está en fase creciente -«influye mucho», creen-. Ya ha comenzado el éxodo estival, pero la semana ha sido agitada y nunca saben «lo que vas encontrar ahí fuera».
«Cuando crees que ya lo has visto todo, descubres algo nuevo aún más espeluznante», añade Juan (41), con 17 años de experiencia como patrullero, «siempre en la calle y a turnos». Se nota que disfruta con el trabajo «operativo». Sentado a la izquierda del jefe, conduce el 'Volkswagen Passat' blindado con distintivos. Lleva chaleco antibalas bajo el buzo, «es una decisión personal, pero todos o casi todos lo llevamos; al final te acostumbras», se explica.
Juan tiene muy presentes los momentos más «peliagudos» de su vida profesional: «lo de los Txemas», en referencia a la pancarta bomba que ETA colocó en el parque de Etxebarria en noviembre de 2001 como trampa contra una patrulla, y que provocó graves lesiones a dos compañeros. Y «el asesinato del taxista, por la tensión que vivimos. Le tienes que proteger aunque sea el mayor hijo de..., aunque le hayas pillado clavando un cuchillo a alguien», explica. Ertzainas y policías municipales impidieron que los airados taxistas linchasen al supuesto homicida para vengar la muerte de su colega.
Los dos veteranos patrulleros guiarán por la cada vez más caliente noche bilbaína a un equipo de EL CORREO que les acompaña sin restricciones, expuesto física y mentalmente a lo que surja. Los dos policías coinciden en que para este trabajo «sirve cualquiera», «la diferencia está en cómo se lo toma cada uno».
Por razones de seguridad no conviene desvelar algunos datos como el número de patrullas uniformadas y de paisano, que en el argot se conocen como 'alfas', desplegadas por la ciudad. Bilbao se divide en zonas, la 3 corresponde a San Francisco, Miribilla, la más conflictiva, junto con la de Centro, que incluye la calle Mazarredo y alrededores, donde se agolpa el ocio nocturno los fines de semana, especialmente cuando cierran los bares del Casco Viejo. Esa es la hora bruja, cuando empiezan a registrarse la mayor parte de las incidencias.
La comisaría de la Ertzaintza en Bilbao será, probablemente, en la actualidad uno de los destinos más duros del cuerpo. En los peores años del terrorismo esa pesada etiqueta la cargaban comisarías como Rentería. El jefe de operaciones de Bilbao tiene más personal a su cargo en una noche, por ejemplo, que la sede policial completa de Balmaseda. Genera una buena parte de las denuncias y detenciones que se producen en el País Vasco. En alguno de los últimos fines de semana, los 16 calabozos de los sótanos de la comisaría se han llenado. Predominan los robos de carteras y en vehículos, las agresiones y peleas callejeras, y un delito que «se ha disparado»: la violencia de género.
-¿Qué hacéis para manteneros despiertos toda la noche?
-«En Bilbao no te aburres, no da tiempo a dormirse, ya verás», sonríe Félix. Mientras la mitad de la ciudad descansa y la otra hierve, ellos velan por la seguridad ciudadana. Su trabajo consiste en garantizar la paz social y retirar a aquellos que intenten alterarla, que los hay, y muchos.
PRIMER AVISO: QUEBRANTAMIENTO
00.00 horas. Barrio de Rekalde
Félix coordina a sus hombres (hoy sólo trabaja en la calle una ertzaina, Carmen) a través de la emisora y el teléfono móvil, que se ha convertido en su arma más útil, mucho más que la pistola reglamentaria, la porra o los grilletes. El operador de radio informa: «Posible quebrantamiento. Una mujer dice que su ex ha incumplido la orden de alejamiento. Ha tocado el timbre». Charlie 1 se dirige a toda velocidad a la dirección indicada, en el barrio de Rekalde, junto a la alhóndiga. «Ha huido, puede estar por las inmediaciones. Facilito descripción: Mide 1,70 m, tiene 20 años y el pelo rapado al dos», amplía la base. Los ertzainas suben a la vivienda de la víctima, se dividen entre la escalera y el ascensor. Ella les cuenta entre lágrimas que ya le ha perdonado tres veces. Esta vez el agresor ha desaparecido.
TRAPICHEO EN SAN FRANCISCO
1.05 horas
El día a día les ha enseñado a «callejear», no se puede perder el tiempo buscando una dirección, y ha agudizado su olfato. Conocen a los delincuentes habituales por el nombre o apodo -El 'Nardi', los Santacoloma, el Cojo...-. «Cuando te saludan con mucha amabilidad: 'Hola, señor agente'. ¿Malo!, eso es que ya la han 'liao'». Agentes de paisano acaban de sorprender a dos chicos «trapicheando» en la calle San Francisco. «Su trabajo es primordial, sobre todo en el tráfico de drogas; sin ellos nunca veríamos la transacción», explica Félix.
Les cachean e identifican. «¿Cómo te llamas, sabes escribir tu nombre en castellano?». «Osumane», contesta. Con los brazos y las piernas en cruz contra la pared, los dos inmigrantes senegaleses dicen que están de paso, que cruzaron desde África a Fuerteventura en un cayuco y que «la Policía» les ha pagado un avión hasta Bilbao.
Uno de los ertzainas llama a la base para confirmar que sobre esas identidades no pesa ninguna requisitoria judicial. «Están limpios, nada pendiente». En tono paternal, Juan les aconseja: «No busquéis malas compañías aquí, ¿vale?». Ellos asienten.
SOSPECHOSOS EN UN PORTAL
2.00 horas, Mena 1
«Me gusta la calle», confiesa Juan, «pero hay miles de funciones en la Ertzaintza, todas necesarias». La emisora vuelve a cortar la conversación. Muy cerca de allí, en el número 1 de la calle Mena, junto a la plaza Cantalojas, unos tipos entran y salen de un portal en actitud sospechosa, según un vecino. «La droga es una gran generadora de delincuencia», apunta Félix. Al llegar, los agentes descubren que un grupo de toxicómanos se ha refugiado en una lonja. Han derribado un tabique y se han colado en el interior, un irrespirable foco de basura. El suelo está cubierto de papeles de plata, cucharillas dobladas y otros útiles para el consumo de drogas. Hay varios sillones rotos y velas derretidas sobre una banqueta. Entre los sospechosos hay una joven embarazada, que probablemente estaba buscando su dosis. Aparentemente su estado no le preocupa, pide ir al baño. El vehículo camuflado de los agentes ha sido multado por mal aparcamiento.
RONDA POR MAZARREDO
2.45 horas
«Los 'paleros' se las saben todas. Ahora, se ponen los calcetines en las manos para no dejar huellas, y cuando les pillamos se los meten en los bolsillos». El coche patrulla que ocupan los periodistas cruza la agitada calle Mazarredo. «¿Mira, ése de verde es muy malo!», indica Juan. El coche se para a su altura y el agente hace un gesto al joven, conocido carterista, al que los porteros ya no dejan ni entrar a los locales.
-«Eh, tú, ¿no voy a tener problemas, no? ¿No me llamarán luego verdad?».
-«Lo juro», dice con cara de bueno.
«Igual con esta advertencia se asusta y hoy ya no pega el palo», confía Juan. Mientras, Félix pide a base que comprueben la matrícula de un 'Misubishi Gallant' que le parecía sospechoso y ordena a unos 'alfas' que sigan al vehículo.
Por la acera, un adolescente lleva un palé de madera en alto mientras sus amigos le graban con sus móviles. «Caballero, deje eso en la basura con cuidado, por favor», le espetan. El aludido obedece.
SEGUNDO CASO DE MALTRATO
3.00 horas, Rekaldeberri
Después de un descanso para tomar un café y reponer fuerzas, la ronda continúa. Un vecino de la calle Rekaldeberri ha escuchado «ruidos y portazos» procedentes de una vivienda, «como si se estuviera produciendo una agresión», matiza. En esa dirección hay antecedentes de violencia de género», escupe la emisora. Chalie 1 pisa el acelerador a tope, atraviesa la ciudad volando sobre el asfalto, con las luces de emergencia encendidas pero sin la sirena, que no suele activarse por la noche salvo en casos extremos.
El supuesto agresor, con cara de pocos amigos, se justifica: «Hemos tomado unos tragos y nos hemos peleado, ella me ha abofeteado y yo a ella». La joven, en estado de gran excitación, le ha puesto la mochila y la Play Station en la puerta para que se vaya y ha llamado a la Policía. Tiene un ojo hinchado y asegura que le ha pegado patadas y puñetazos por todo el cuerpo. El tipo calza unas contundentes botas con plataforma y tachuelas metálicas. «Me he metido cocaína, pero sólo un poco», se excusa.
Juan habla con la mujer agredida en el portal. «La reacción siempre es parecida. Creen que la culpa es suya, están tristes y abatidas, y tú tienes que recordarle que es una persona y que nadie le tiene que poner una mano encima».
«¿Tienes el ojo morado!». Unos amigos de la joven la convencen para que ponga una denuncia y la llevan al hopistal de Basurto. «¿Me acaba de meter por la puta cara cuatro ostias!», se desahoga. Cuando sale y ve a su compañero esposado, le invade un sentimiento de culpabilidad. «Jo, pero tampoco quiero que le...», duda. A las 3.30 horas confirman a Félix que la víctima ha llegado al centro sanitario, muchas veces desisten antes de llegar a interponer denuncia. Juan tendrá que «comparecer» para explicar lo ocurrido a lo largo de su turno.
ZABALBURU, EL PUESTO MÁS POPULAR
3.35 horas
El puesto de atención ciudadana de la plaza Zabalburu es el único junto con la comisaría de Deusto que recoge denuncias las 24 horas. Por su cercanía a la zona centro, Zabalburu se ha convertido en el más popular y el que recibe más denuncias, entre 40 y 80 de media, 18.000 al año, la mayoría por robos de cartera y en vehículos, agresiones y violencia de género, informa su responsable. «Hay días que tenemos hasta cola».
Hace unos años se produjo un apuñalamiento a unos metros de la subcomisaría. La víctima llegó a la puerta desangrándose. «Antes en Bilbao no había agresiones con arma blanca, pero cada vez hay más», coinciden los policías.
QUEMA DE CONTENEDOR
4.15 horas. Ledesma
Los actos vandálicos contra el mobiliario urbano cuestan mucho dinero al erario público. Rara es la noche que no se quema alguna papelera y se destrozan cabinas o marquesinas, por simple diversión. Hoy no es una excepción. Un contenedor está ardiendo en la calle Ledesma, justo detrás del café La Granja. Las llamas acechan a un andamio de madera. Si la malla llegara a prender, el fuego podría subir como la pólvora hasta las viviendas. Unos jóvenes que pasaban por la zona han retirado la red. Los patrulleros aguardan en el lugar la llegada de los Bomberos. El calor que desprenden las llamas se agradece en la fresca madrugada. Una dotación del parque de Bilbao aparece por la calle Buenos Aires. La extinción no tiene mayor dificultad. Rocían con abundante agua el plástico retorcido por el calor. Para las 4.35 horas, el contenedor está apagado.
AGRESIÓN EN EL METRO
4.30 horas. Bolueta
Un viajero denuncia que ha sido agredido por uno de los vigilantes del metro. En un primer momento, el testimonio parece confuso. «Me ha escupido en mi cara», repite. El suburbano, con servicio toda la noche, ha reforzado su seguridad con perros para controlar posibles altercados. La noche y la ingesta de alcohol multiplican este tipo de incidentes. Los empleados de seguridad tienen que llamar a la Policía, única con potestad para identificar a personas y detener. En esta ocasión, el pasajero había intentado pasar por encima de la canceladora.
PELEA EN PLAZA ARBOLANTXA
5.15 horas
Los bares empiezan a bajar las persianas, los efluvios y el cansancio hacen efecto. El último aviso de la noche tiene como escenario la plaza Arbolantxa, punto de reunión de jóvenes. Al parecer, se ha producido una agresión. Charlie 1 llega al lugar. «No nos reclama nadie», advierte Félix. Enseguida, descubre entre la multitud a «dos alfas y dos bravos».
Los agentes camuflados han visto cómo dos individuos «tiraban al suelo» a una estudiante americana. La joven sólo habla inglés. Gorka, uno de los ertzainas recién salidos de la academia actúa de traductor. Los dos presuntos agresores tienen antecedentes por robo en vivienda y con intimidación. «No son trigo limpio».
La chica no encuentra consuelo. Sentada en un banco, descalza, se duele de una rodilla. Una ambulancia municipal se desplaza al lugar y los sanitarios la atienden. Los ertzainas deciden imputar a los dos sujetos una falta de lesiones, lo que significa que tendrán que presentarse en el juzgado cuando sean reclamados.
La noche se agota, empieza a amanecer. El siguiente turno tomará enseguida el relevo del Grupo I. Antes, han prometido a una compañera de Atestados que le llevarían bollos de mantequilla y el periódico cuando regresaran a la base. Félix, Juan y los demás volverán mañana a patrullar la ciudad. Para cuando este reportaje haya salido publicado, ellos tendrán seguramente otras nuevas historias humanas que contar.