El Correo Digital
Domingo, 9 de julio de 2006
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VIZCAYA
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Reanudando y retomando
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Todos estamos de acuerdo en que un idioma no es un fósil sino algo vivo y como tal, en constante crecimiento gracias a los neologismos, es decir, a los nuevos vocablos. Lo que ocurre es que hay neologismos lógicos y necesarios y otros que ni son necesarios ni lógicos. Veamos algunos ejemplos dicho sea sin ánimo de dogmatizar, sino mas bien de opinar humildemente.

En nuestro idioma teníamos un verbo perfectamente definido y eufónico como era el verbo recoger que significa «volver a coger, tomar por segunda vez algo». Un verbo con el que nos arreglábamos tranquilamente en nuestro lenguaje, hasta que alguien en la televisión pensó que eso de recoger estaba ya muy visto y tuvo la genial idea de inventarse el verbo retomar.

Y como estas chorradicas gramaticales son más contagiosas que la gripe, ya tenemos a todos los de la televisión y aún fuera de ella, utilizando el verbo retomar, como si se tratase del famoso ungüento amarillo. Y lo peor es que en su afán cultiparlista, los amigos del retomar han llegado incluso a eliminar de nuestro idioma el bonito verbo reanudar. Toma canela. O mejor dicho, retoma canela.

Ya nada se recoge ni se reanuda. Ya nadie se atreve a decir (salvo este humilde servidor de ustedes) «recogemos el hilo de la conversación» o «reanudamos la asamblea». Ahora tenemos que decir «retomamos el hilo de la conversación» o «retomamos la asamblea», frase esta última que además de absurda resulta casi risible, porque ya me dirán ustedes como se puede volver a «coger» una asamblea.

La TV tiene tanta fuerza de contagiosa difusión, que cualquier tontería que se presente en la pequeña pantalla, no tarda en incorporarse al lenguaje coloquial contando con la docilidad de la inmensa mayoría de los televidentes y colegas.

Así fue como se coló también el vocablo restaurador para denominar a los cocineros, una acepción que mete en el mismo saco a los que restauran obras de arte y a los que hacen albóndigas. Afortunadamente, he tenido la gran satisfacción de escuchar a más de un prestigioso artista de la cocina que a la hora de elegir entre uno y otro vocablo, aseguraba con orgullo que el era «cocinero».



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