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Lunes, 10 de julio de 2006
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DEPORTES
FERNANDO LAMIKIZ, PRESIDENTE DEL ATHLETIC
«Soy consciente de que existe una cierta fractura social en el Athletic»
El presidente dice que Clemente ha tenido una gran oportunidad de «entrar en un proyecto nuevo»
«Soy consciente de que existe una cierta fractura social en el Athletic»
SERENO. Fernando Lamikiz posa en los jardines de Ibaigane al término de la entrevista con EL CORREO. / FOTOS: FERNANDO GÓMEZ
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En el rostro del presidente del Athletic se aprecian las huellas de una reciente y dura batalla. El terror de ver al equipo en Segunda División por primera vez en su historia le hizo perder 16 kilos. Y el 'golpe bajo' que recibió de Javier Clemente el pasado lunes, con sus polémicas declaraciones sobre los últimos fichajes del club, ha acabado por tumbarle en la lona. «Ya me encuentro mejor», dice Fernando Lamikiz en una entrevista concedida ayer a EL CORREO, la primera a un medio escrito desde que comenzara la pasada temporada.

El máximo dirigente rojiblanco quiere pasar página cuanto antes al 'caso Clemente'; por eso en la larga conversación mantenida en Ibaigane se apresura a aclarar que no desea más «broncas», que sólo piensa en el futuro que se abre ahora con la designación de Félix Sarriugarte. Sin embargo, sí analiza los tiempos de convulsión en los que se encuentra el club, admite su parte de culpa en la crisis institucional y advierte de que los dos próximos años que quedan de legislatura son «importantísimos» no sólo para la entidad sino para él y su junta.

-¿Se arrepiente de haber mantenido a Clemente en el cargo cuando concluyó la Liga?

-Clemente ha terminado su etapa en el Athletic y la directiva ya le ha expresado su agradecimiento. El técnico ha tenido una gran oportunidad de entrar en un proyecto nuevo con la ayuda de todo el Athletic. Y no ha podido ser.

-Una respuesta muy diplomática, cuando Clemente se despidió con duras acusaciones hacia usted.

-Él considera que su destitución ha sido injusta y lo puedo llegar a entender. Pero creemos que lo que hacíamos era lo mejor para el Athletic. Estoy seguro de que cuando el asunto se enfríe, se dará cuenta de que no ha estado acertado en lo que dijo.

-¿La destitución del entrenador fue adoptada por unanimidad?

-No. Hubo dos directivos que dijeron que había que darle otra oportunidad.

-¿Esos directivos son los que ahora parece que pueden llegar a presentar su dimisión?

-No, no, para nada.

-Cambiemos de asunto. Hace dos años, cuando llegó a la presidencia, lanzó un mensaje muy claro: su objetivo era recuperar la paz social, unir todas las sensibilidades, volver a ser una gran familia. Sin embargo, el panorama actual es muy preocupante: dos entrenadores destituidos, el equipo ha estado a punto de descender, la afición le despidió reclamando su dimisión y con una pañolada histórica y ha estado desaparecido casi toda la temporada. La unidad, desde luego, no existe. ¿Estaríamos hablando de una fractura social en el Athletic?

-Sí, es verdad. Soy consciente de que en estos momentos hay una cierta fractura por una serie de decisiones que ha habido que tomar y también derivada de la situación del equipo la pasada temporada. Pero vamos a recuperar esa unidad. Es fundamental hacerlo, aunque haya gente que, legítimamente, se esté preparando ya para presentarse a las próximas elecciones. Lo importante ahora es remar todos en la misma dirección y no olvidarnos en ningún momento de lo que nos pasó el año anterior.

Desaparición

-Desde hace año y medio se han sucedido una serie de graves acontecimientos que han sumido al club en una profunda convulsión. En los últimos tiempos parecía una institución desgobernada, o mejor dicho, en manos del entrenador.

-Desde hace año y medio, no. La pasada temporada empezó con normalidad, luego vino la salida de Mendilibar y desde entonces sí que ha habido cierta psicosis. A partir del sexto o séptimo partido empezó el miedo. Fue entonces cuando yo desaparecí, pero sólo de los medios, porque creí que era lo mejor. La verdad es que lo hice pensando en que las dificultades se iban a superar antes y no que se prolongarían hasta el último partido. Eso produce un desgaste impresionante en todo el mundo. Fueron ocho meses terroríficos, de sufrimiento del de verdad.

-Pero admitirá que en los peores momentos se echó en falta la prensencia del presidente reclamando el apoyo de todos. Parecía que la historia no iba con usted.

-Es que pensaba que la situación se iba a solucionar antes. Por eso no lo hice, aunque viéndolo ahora, quizá me equivoqué.

-O sea que el pánico se apoderó también de usted.

-Hubo tres o cuatro momentos puntuales en los que no sentí pánico, pero sí mucho miedo. Hubo una ocasión en la que el equipo se hundía y llegó a no depender de él mismo para salvarse. Fue muy duro.

-Y para acabar la temporada, San Mamés le despide con una atronadora pitada y una pañolada histórica. ¿Esa reacción no le hizo plantearse la dimisión?

-En esos momentos llegas a pensar de todo, pero tanto como en dimitir, no. Cuando las cosas van bien, nadie se fija en la directiva y cuando van mal todos miran hacia ella. Nosotros nos hemos equivocado en bastantes aspectos. Pero déjeme que le diga una cosa: esa pañolada tiene dos lecturas. La primera es que es algo lógico. Yo ya contaba con ella, más que nada porque iba a ser una forma mediante la que el socio y aficionado iba a significar su sufrimiento por una muy mala temporada. Además, me parece sano que se produzca esa reacción. Lo que ya no veo bien es la protesta previamente preparada. No es lo mismo el socio que va al campo y saca el pañuelo, que el que ya lleva de casa carteles, todos iguales, y que se repartían de forma estratégica en las localidades próximas al palco. Eso no me parece razonable.

-¿Por qué? El socio es libre de mostrar su protesta como le venga en gana.

-La protesta preparada, de grupo, no me parece sana. Porque eso responde a algún tipo de interés.

-O sea, ¿que existe un grupo organizado para hacerle oposición?

-No, no. Lo único que quiero decir es que hay diversas formas de entender el Athletic. Es lógico que entre tantos miles de socios haya diversidad de opiniones y que incluso haya gente que esté preparándose para las próximas elecciones. Eso es algo legítimo. Pero yo lo único que digo es que en aquella pañolada había una parte de espontaneidad y parte de preparación.

Trabajo colectivo

-¿Después de aquella protesta, alguien de su directiva o de su entorno le pidió que dimitiera y que convocara elecciones?

-No, para nada. Es más, ese día en el palco había gente que, sabiendo lo que iba a pasar, vino a arroparme. La lectura positiva de todo eso es que sabes quién está contigo y quién no.

-Con la destitución de Clemente da la impresión de que Lamikiz y su directiva han agotado el último comodín. Los anteriores se gastaron con el 'caso Zubiaurre' y la pésima trayectoria del equipo. ¿Es consciente de que si tropieza de nuevo con la elección del nuevo entrenador podría ser el final de la era Lamikiz?

-Los dos últimos años que nos quedan son importantísimos. Haber apostado por un entrenador de renombre habría sido un parapeto para desviar la atención. Pero nunca tomaremos una decisión que sea buena para la junta y mala para el Athletic. Siempre digo una cosa a mis directivos: si algún día tuviera que tomar una decisión buena, para el Athletic y muy impopular, la tomaría. Y Sarriugarte es la mejor decisión para el club.

-Si la marcha del equipo no fuera la deseada, me temo que la afición no va a tener el aguante de la pasada campaña.

-Lo tengo claro. Por eso hemos puesto todos los medios para que eso no pase.

-¿No tiene la sensación de que ha perdido los dos primeros años de su legislatura?

-No. Tanto mis directivos como yo hemos aprendido y madurado mucho. Y en el aspecto deportivo hemos establecido unas bases de funcionamiento que sí reconozco que tendríamos que haberlas puesto antes. Pero no era fácil.

-Ha reconocido en varias ocasiones haber cometido errores. ¿Cuál ha sido el más grave?

-Aunque la gente piense que es el caso de Zubiaurre, mi mayor error ha sido dejar el primer equipo como una cédula aislada del club. Pensar que el primer equipo tiene que estar en manos de su entrenador y autogestionarse él mismo. No tiene que ser así. Tiene que haber un trabajo mucho más modal, más profesionalizado, más colectivo. Y sobre todo que las decisiones técnicas las tomen los profesionales.

-Precisamente lo que usted hizo desde que llegó a la presidencia. Tomar decisiones que correspondían a los profesionales.

-Nunca me he metido en la parte deportiva.

-Hombre, la contratación de Mendilibar fue una apuesta personal exclusivamente suya.

-Bueno, eso sí es verdad Pero prescindiendo de ese tema, yo no pregunto las alineaciones, me da igual quién juega. Yo quería que el primer equipo fuera un ente independiente y que nadie interfiriera en su trabajo. Y eso es un error. Tiene que haber una mayor participación. Que sean los técnicos los que ofrezcan soluciones a los temas deportivos.



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