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Martes, 11 de julio de 2006
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CULTURA
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El trompetista de bronce
La ciudad de Vitoria dedica en el parque de La Florida un monumento al festival, personalizado en Wynton Marsalis. La obra ha sido realizada por el escultor Koko Rico
El trompetista de bronce
SIMPATÍA. Wynton Marsalis bromea con la escultura inaugurada ayer en Vitoria. / JAVIER MINGUEZA
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Wynton Marsalis (Nueva Orleans, 1961), después de un concierto en Mendizorroza y tras participar en una jam session en el hotel, sale a tomar el aire a La Florida. Allí se queda, cansado, pero contento, apoyado en un banco. Esta es la idea que ha querido representar Koko Rico en el monumento que Vitoria dedicó ayer en ese céntrico parque al Festival de Jazz, en general, y al trompetista en particular.

De estilo realista, de bronce, a tamaño natural y «reforzada en varios puntos para que no sea fácil romperla», como explica el escultor, la figura pesa doscientos kilogramos. Se apoya en un banco en cuyos listones están grabados los nombres de las estrellas que han pasado por los escenarios vitorianos durante los treinta años de su festival de jazz. Eso sí, con más de una errata, incluida la del nombre del más representativo: 'Winton'. El fallo se solucionará en los próximos días.

Rico cuenta que su creación comenzó con un viaje a Nueva York para obtener el molde de la cara del músico de Luisiana. «Es un hombre muy ocupado, pero fue amabilísimo. Nos recibió en su apartamento y entre bromas, se tumbó sobre un plástico en el suelo para que le pusiera la mascarilla de alginato, un material que usan los dentistas. Luego el problema fue en la aduana, donde recogieron unas ralladuras del molde para comprobar que no era ni explosivo ni droga». El cuerpo y la composición de la figura los tuvo que hacer casi de memoria. «Me habían perdido las maletas y en ellas estaba mi cámara fotográfica con la que quería hacerle varias tomas para tener más claros su cuerpo y sus proporciones».

El alcalde y varios concejales de la ciudad, el director del festival, Iñaki Añúa, y el escultor aplaudieron el momento en que Marsalis levantó la bandera de Vitoria que cubría la escultura. La inauguración fue «entre amigos», comentaba un asistente, pues la falta de megafonía hizo casi imposible oír los discursos.

El alcalde, Alfonso Alonso, dedicó unas palabras al trompetista, pero quedaron para ellos. Más adelante destacó que el acto, que calificó como «sencillo pero muy emotivo», quería ser un homenaje de la ciudad al jazz, a su festival y a Marsalis «que llevará el nombre de Vitoria por todas partes, en una composición»

Añúa se esforzó un poco más para ser oído. Dio las gracias al Ayuntamiento por su reconocimento y aprovechó la ocasión para rendir tributo particular de reconocimiento a Marsalis: le impuso la primera insignia de oro del festival.

El músico expresó más tarde a los periodistas su agradecimiento por el homenaje y destacó que «lo importante son las relaciones humanas y las siento con esta ciudad, con este festival y con Iñaki. Además Iñaki, que es un trabajor incansable, viene mucho por Nueva York».

Insistió el trompetista, director y compositor en que «era un honor muy grande representar aquí a todas las grandes figuras de la música de jazz que han pasado por este festival» y que se creía con derecho a agradecer, en su nombre, el homenaje. Me siento muy relacionado con el espíritu que tiene esta ciudad. I love Vitoria».



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