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Martes, 11 de julio de 2006
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CULTURA
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La revolución de Malévich
El Museo de Bellas Artes de Bilbao exhibe la más extensa exposición dedicada en España al visionario e influyente artista ruso de vanguardia anatemizado por el régimen de la antigua URSS
La revolución de Malévich
'DEPORTISTAS'. Primeras visitas, ante el cuadro de 1930-1931, de la última etapa en que Malévich vuelve a pintar en un estilo síntesis de suprematismo y figuración y con un sentido funcional. / TELEPRESS
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EL MUSEO, ESTE VERANO
Exposiciones temporales

Kasimir Malévich: la mayor exposición del artista ruso vista en España. Hasta el 10 de septiembre.

Obra invitada: 'Historia de Alejandro', tapiz flamenco (XVI). Colección Grupo Santander. Hasta 17-9.

Colección permanente

Arte del siglo XII al XX: con maestros españoles, de B. Bermejo a El Greco, Zurbarán, Murillo, Velázquez, Goya, Regoyos, Sorolla, Zuloaga y la Escuela vasca; también de otros sitios: Gentileschi, Van Dyck, Bellotto, Mary Cassat, Gauguin, Serra...

Mirada múltiple: selección temporal de fondos de la segunda mitad del XX (Man Ray, Bacon, Vieira da Silva, Motherwell, Vassarely, Hockney, Segal, Beuys, Twombly, Baselitz, Enzo Cucchi... Hasta 24-9.

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Kasimir Malévich protagonizó en la segunda década del siglo XX, junto con Piet Mondrian, la más drástica e influyente ruptura con el arte del pasado y su apego a representar la realidad, lo que se ve o nos dicen que se ve. Una gesta plástica simbolizada por su célebre 'Cuadrado negro', que en 1913-15 situaba al revuelto arte de comienzos del XX en plena abstracción geométrica, ligada además a un sistema de pensamiento panteísta -todo es divino- que llevó al artista, pensador autodidacta, a proclamar la persistencia de Dios, un dios energético que abarca el universo en su diversidad, en plena época de asentamiento del régimen soviético.

El artista, del que el Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta hasta el 10 de septiembre la más extensa y completa exposición dedicada hasta ahora en España al creador del 'suprematismo' -arte independiente de las formas reconocibles, basado en la primacía del color, pretendidamente puro y superior-, culminó su aventura entre abstracta y religiosa en el momento menos oportuno; se diría que adrede.

«Era muy distinto de los demás pintores; era un líder, un sistematizador, incluso un mistificador.... Pretendió incluso que el cuadrado rojo -el rojo representa en Rusia la belleza- fuera el símbolo de la Revolución. Tenía mucha fe en sus teorías y pretendía que los demás también la tuvieran», contaba ayer Irina Lebedeva, subdirectora de la galería Tretiakov, de Moscú, uno de los principales prestamistas de la muestra patrocinada en Bilbao por Caja Duero, junto con el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo -el que mejor representación tiene de su obra- y el Pompidou de París.

La historiadora, que presentaba la exposición en ausencia de sus tres comisarios: Jean-Claude Marcadé, Jean-Hubert Martin y Evgenia Petrova, certificó que «la proclamación del realismo como el arte oficial de la URSS fue una tragedia para él, que llegó a vivir en una extrema pobreza».

Kasimir Malévich (Kíev, 1878-Leningrado, 1935) cayó en desgracia apenas cuatro años después de que creara en Leningrado (San Petersburgo) el Instituto Nacional de Cultura Artística -uno de los primeros museos de arte moderno-, con ocasión de su única exposición individual en vida fuera de Rusia, programada en Varsovia y Berlín y cuyos fondos se quedaría el Stedelijk Museum, de Amsterdam.

«Sus obras fueron retiradas de los museos. Cuando murió en 1935, su funeral fue la última demostracipon del arte de vanguardia en la URSS. Allí mucha gente había oído hablar de Malévich, de su 'Cuadrado negro', pero hasta hace 20 a-ños nadie lo había visto».

La muestra constituye un repaso de su trayectoria desde los cuadros figurativos de temática agraria que realiza influido por los impresionistas, pasando por las complejas pinturas de orden simbolista, en las que se mezclan las influencias de la religión católica con la corriente filosófica panteísta y la filosofía oriental.

Se ve influido también por el primitivismo y la enseñanzas protocubistas de Cezanne, el propio cubismo y el cubofuturismo, que le lleva a deconstruir y enfatizar la realidad en sus elementos esenciales, y de ahí a la pureza plástica del suprematismo, en cuadros monocromáticos, negros y rojos (cuadrados, cruces...) y otros que son como estructuras simbólicas.

También se incluyen las últimas pinturas. Son cuadros en una especie de síntesis pos-suprematista figurativa en los que aparenta alguna función social -campesinos, deportistas...-, pero son de personajes sin rostro y sin vida.



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