El Correo Digital
Martes, 11 de julio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
A PROPÓSITO
Escenario
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Llega el verano y ya se sabe, florecen los espectáculos de sol a sol y al aire libre. Se goza de una ópera bajo el mismo cielo que vieron los clásicos, el mismo de estas noches estivales que comparte el bel canto con los mil y un conciertos en que se entrecruzan todos los sonidos del mundo que salen de ruinas antiguas, de plaza porticada del viejo corazón urbano, de las playas, en los chiringuitos, en las plazas de toros, en los campos de fútbol. Las agendas culturales se apoderan de tierra y mar, de prados y arenales adonde van los veraneantes. Vayas a donde vayas te persigue un festival. El lugar de tu descanso por más que sea recóndito no andará nunca muy lejos, al contrario, estará en un radio mínimo de kilómetros de cualquier extraordinario acto festivo que con rango oficial ameniza el discurrir del veraneo en cualquier rincón del paisaje interior o costero. Hay eventos culturales para todos. Para gustos elitistas o populares, espacios lúdicos de entretenimiento cultural para minorías en disfrute estival y para el mogollón de gente que disfruta de unas vacaciones del montón.

En ninguna época del año se dan tantos festejos juntos y revueltos y hasta antagónicos. Igual que en la verbena de Serrat el noble y el villano van en lo del veraneo de la mano. Se lo montan a la par el rico y el más canino, un señor bebiéndose hasta la luna en la cubierta de un yate y un veraneante común durmiendo la mona en un bote. El botellón se desmanda con la calor, el cierre de los institutos y el horario sin dueño y convive veraniegamente con el embrujo elegante de exquisitos eventos culturales. De una concentración de gaiteros pasas a un castillo tomado por las notas del barroco bajo una batuta de prestigio. Aunque todo está en la calle, en todo programa oficial y festivo que se precie entra el teatro de calle. Ahora que la calle es un puro teatro. En la calle más que nunca se escuchan monólogos en vivo, paseantes hablando solos con un aparato. Ves escenas y oyes diálogos en directo en las aceras, en los parques, historias encadenadas, trifulcas y dramas en el asfalto, soliloquios de viejo, coros de jóvenes, actores principales y personajes secundarios. Y así hasta que caiga el telón en otoño.



Vocento