El Correo Digital
Miércoles, 12 de julio de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Ilógico
Que la señora que desayuna en la misma cafetería que yo, se jame un bollo de mantequilla, de un tamaño tal que podría atascar el Canal de Panamá, y aleje de sí con pánico la bolsita de azúcar para el café, como si fuera vidrio molido, mientras pide sacarina. Que a los libros de relatos se les haga poco caso editorial y por consecuencia lo mismo los lectores, en una época de estrés vital en que la gente no tiene tiempo ni para echar un polvo en condiciones y el cuento, por su dimensión, sea perfecto para la lectura a salto de mata. Que en el Casco Viejo de Bilbao se obligue a levantar las terrazas de los bares a las diez y media de la noche y a cerrar pubs insonorizados temprano, cuando a medianoche los gigantescos camiones de la basura pasan a hostia limpia con todo y marcha atrás, los basureros gritan, las barredoras atruenan, los músicos y cantantes callejeros torturan sistemáticamente con sus amplificadores y los chavales del botellón braman a sus anchas y mean donde les sale del pito, nunca mejor dicho.

Que Benedicto XVI, en su visita al campo de Auschwitz, se preguntara que dónde estaba Dios mientras los nazis hacían jabón con los judíos. Se supone que al ser su gerente en la Tierra con categoría 'ex catedra', él debe de saberlo porque mantendrán una comunicación fluida. Aunque puede que esto del famoso silencio de Dios sea como el silencio administrativo, es decir, desestimatorio de la pretensión del administrado. A mí me enseñaron los maristas, también a hostia limpia, que Dios es ubicuo y está en todas partes a la vez. Es decir, que nunca se podría coincidir con Él en una sesión numerada de cine. Me da la impresión, como ya escribí en un viejo artículo, que la Iglesia con lo del silencio de Dios se prepara para la arriesgada maniobra teológica de reconocer que no existe. Pero como en 'El Gatopardo', de Lampedusa, el cambio servirá para que todo siga igual. La sibilina habilidad para conseguirlo, no les falta.

Y, en fin, que María San Gil, del dichoso Partido Popular, diga que el encuentro entre Arnaldo Otegi y Patxi López le recuerda a la foto del encuentro entre Hitler y Franco cuando su partido, el de doña María, acaba de rechazar hacer una condena del golpe de Estado de Franco, tampoco es muy lógico, entre otras cosas. Me queda la duda de quién es quién para ella en la equiparación de fotos. Tal vez, a Otegi le toca Hitler y a López, Franco. Y a tenor de la no condena, no le parecerá tan mal: un chico malo y un chico bueno, al fin y al cabo. Aunque como es licenciada en Filología Bíblica, supongo que también domina el recurso del silencio elocuente y no nos sacará de dudas. Tampoco de lo de Auschwitz.



Vocento