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Miércoles, 12 de julio de 2006
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CULTURA
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Una leyenda sobre la arena
Miles de personas asistieron ayer en la playa donostiarra de la Zurriola al 'Concierto por la Paz' de Bob Dylan, que contó también con Macaco y Mikel Laboa
Una leyenda sobre la arena
SOBRIO. Dylan no se movió de su sitio en toda la actuación. / JOSÉ MARI LÓPEZ
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Con la playa de la Zurriola como escenario de una noche de verano, Bob Dylan, el legendario poeta del rock, ofreció ayer en San Sebastián la última actuación dentro de su gira por España: el concierto -gratuito para la mayoría- por la paz ante miles de personas que ocuparon más de dos tercios de la superficie del arenal donostiarra.

El músico de Minnesota, autor de canciones que componen la banda sonora de varias generaciones, salió a las 21.10 horas al escenario, tras los 35 minutos de actuación de Mikel Laboa. Dylan llegó en autobús hasta la parte trasera del escenario y arrancó con la rebelde 'Maggie´s Farm', una canción de 1965 extraída del álbum 'Bringin´ it all back home'. El cantautor estadounidense siguió con 'Times They are A-Changing' en la que se estrenó con la armónica. Siguieron 'Down the Cove', 'To Ramona', 'It's All Right', 'Ma', 'Highway 61' y una versión casi irreconocible de 'Mr. Tambourine Man', entre otras composiciones de su repetorio más clásico.

Impecablemente de negro, salvo la camisa blanca, y tocado con un sombrero del mismo color, y con sus músicos vestidos de gris, Dylan ofreció un show de hora y media de duración, bises incluidos, en el que el artista no se movió de la posición que ocupó nada más subirse al escenario, parapetado detrás del piano, sin buscar protagonismo y en un extremo del escenario, acompañado por los restantes miembros de la banda: Tony Garnier, Donnie Herron, George Recile, Dennis Freeman y Stuart Timbal. El cantante tocó el teclado y sopló su armónica en contadas ocasiones.

Grandes temas clásicos compusieron el repertorio de la noche, en una playa abarrotada de gente que pudo seguir los detalles del concierto desde las tres pantallas que funcionaron durante toda la actuación. En un principio, el artista había puesto como condición que sólo funcionara una de ellas, pero finalmente funcionaron las tres. Eso sí, sin primeros planos del cantante.

Dos bises

Una parte de los asistentes pudo seguir el concierto desde las 2.380 localidades que salieron a la venta, al margen del aforo gratuito, en las gradas instaladas en la terraza del Kursaal, a precios que oscilaron entre los 30 y 50 euros. Y hubo quienes, además, disfrutaron de las otras 700 localidades que se ofrecían en los bonos adquiridos por empresas.

El poeta urbano, estandarte de las manifestaciones pacifistas de los 60 contra la guerra de Vietnam y adalid de los grandes conciertos benéficos de los 70 y 80, que tocó ante el anterior Papa en 1997, en Bolonia y que, pese a todo, se define como no alineado con ninguna corriente, abordó con su peculiar voz otros temas conocidos de su repertorio como 'I´ll Be Your Baby Tonight' y 'Tweedle Dee & Tweedle Dum', para concluir en los bises con dos temas inevitables: 'I Like a Rolling Stone' y 'A All Along The Watchtower'. Y lo hizo fuera de un escenario habitual, «que hiciese honor al mito, poeta y persona que es Dylan», tal y como explicó recientemente el director del Festival de Jazz donostiarra, Miguel Martín.

Tras Dylan, el espectáculo audiovisual del DJ Javi Pez y Almar VJ amenizaron el acto hasta la aparición del grupo catalán Macaco, todo ello para convertir este concierto «en una gran expresión de anhelo de paz y libertad», según aseguró hace unas semanas el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza.



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