Según Valentín Fuster, cardiólogo y autor del libro 'La Ciencia de la Salud', cada vez hay más infartos en la población. En Europa el número de muertes provocadas por problemas cardiovasculares es superior al de las producidas por la suma de todos los tipos de cáncer, y para 2020, según la OMS, la cifra llegará a los 25 millones. La elevada tensión arterial, el sobrepeso, la falta de actividad física y la alimentación rica en grasas están entre las principales causas. Bueno pues, en mi humilde opinión, todas esas causas proceden en gran medida de una misma fuente: vamos como locos. Trabajamos de sol a sol presionados por la competitividad y el miedo a quedarnos en la calle, lo que nos pone la tensión a mil. Pasamos horas y horas atornillados en una silla, quietos parados, criando michelines, para, en el mejor de los casos, darnos de repente una paliza en el gimnasio, sorpresa que hace que nuestro corazón viva en un puro sobresalto. A semejante ritmo, no tenemos tiempo ni ganas para pensar ni para comer. Engullimos comida basura, vemos tele basura, porque, con los nervios chirriantes y los sesos estrujados, a ver quién es el guapo o la guapa que luego se mete en honduras. Y cuando llegan las vacaciones, nos escapamos, otra vez corre que te corre, a paraísos prefabricados donde seguimos engullendo basurilla a paletadas, ahora quietos y al sol. Quizás de vez en cuando debíamos decir aquello de paren el mundo que me bajo, y pasar un rato reflexionando tranquilamente intentando saber hacia dónde vamos y de verdad qué queremos. El corazón y las arterias nos lo agradecerán.