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Jueves, 13 de julio de 2006
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MOTOR
Cien años en el cajón
El equipo Renault festejará este fin de semana en Magny-Cours el centenario de su primera victoria, lograda por Ferenc Szisz tras pilotar doce horas en el G.P. Automóvil Club de Francia
Cien años en el cajón
EVOLUCIÓN. El pequeño taller parisino de los hermanos Louis y Marcel Renault se ha convertido en el referente en el mundo de la velocidad. / AFP
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Los franceses, que pese al tópico 'chauvinista' son tan suyos como cualquiera a la hora de celebrar las efemérides, han preparado un buen jolgorio este fin de semana en Magny-Cours. La disputa del G.P. de Francia de Fórmula 1 servirá como excusa para que Renault, su equipo, celebre el centenario de su primera victoria en el mundo de las carreras. En aquella ocasión -junio de 1906- fue un piloto húngaro, Ferenc Szisz, el que convirtió en realidad el sueño de los hermanos Renault.

Louis y Marcel Renault inocularon en una vieja lonja de Billancourt, al suroeste de París, el embrión de lo que acabaría por convertirse en una multinacional del automóvil y, cien años después, el campeón del mundo entre los fabricantes de prototipos de F-1. Ya en 1898 demostraron in situ de lo que estaban hablando al hacer funcionar un pequeño coche en la bohemia rue Lépic de la capital francesa. Cuatro años después ganaron la carrera París-Viena, en la que su éxito se basó en la regularidad por encima de la potencia de su ingenio sobre ruedas.

Pero el reloj del centenario de triunfos se puso en marcha en Le Mans. Marcel Renault había muerto y su hermano Louis tardó tres años en entender que debía seguir con la locura automovilística que les había unido. Quiso homenajear al finado con un éxito sin precedentes y llegó en el G. P. Automóvil Club de Francia, primera cita que utilizaba oficialmente la denominación de Gran Premio. Szisz cruzó el primero bajo la bandera de cuadros al volante de un Renault calzado ya con neumáticos Michelín, después de pilotar durante más de doce horas.

En la élite del automovilismo, Renault ha sido sinónimo de motorización. Hasta la pasada campaña, con el fenómeno de la 'Alonsomanía', la firma gala no había conseguido la exclusividad del triunfo. Siempre había sido coprotagonista en los momentos estelares, con su nombre rebajado al segundo lugar en la denominación de origen de turno. Así, debió esperar casi un siglo para llegar a la cresta de la ola. Por el camino hubo una generosa cosecha de triunfos en las más variadas modalidades automovilísticas -sobre todo en los rallies- y un espectacular triunfo en las 24 Horas de Le Mans (1978, con Jaussaud y Pironi). Pero la gran irrupción en la Fórmula 1 llegó en la década de los 90.

La explosión de Alonso

El honor de estrenar el palmarés de Renault fue para Nigel Mansell, uno de los campeones menos populares de la modalidad. En 1992, el británico hizo el mayor acopio de puntos para la clasificación de constructores en favor de Williams, escudería que montaba motores Renault. El título del inglés fue el pistoletazo de salida a un quinquenio de esplendor en el que Alain Prost estampó la segunda muesca con el plus de tratarse de un piloto francés, sin duda el mayor motivo de orgullo para Renault hasta la irrupción en escena de Fernando Alonso. El 'viejo' profesor, a su vez, cedió el testigo al piloto que ha revolucionado la historia de la F-1. Michael Schumacher confirmó un doblete para el fabricante francés con la doble denominación Williams-Benetton y fue el triste protagonista de los dos siguientes entorchados para Renault.

No los ganó él, pero hizo todo lo posible y más, ya como piloto de Ferrari, para que Damon Hill y Jacques Villeneuve no elevasen los brazos desde lo más alto del cajón. Su ímpetu se tradujo en sendas colisiones provocadas por el alemán, pero no evitaron que el inglés y el canadiense prolongasen la euforia de Renault hasta 1997. McLaren-Mercedes y Ferrari cegaron el camino a Renault hasta que su apuesta como escudería oficial conllevó el nacimiento de otra rutilante estrella, la de un Fernando Alonso que ya ganó en Magny-Cours en 2005 en la que fue calificada por él como «una de las victorias más emotivas, ya que ver tanta gente feliz por el triunfo de Renault es algo que te llena de orgullo». El orgullo de una empresa que lleva cien años en lo alto del cajón.



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