Los graves acontecimientos que se suceden en la frontera entre Israel y Líbano confirman los peores presagios realizados cuando se desencadenó la crisis provocada por el secuestro de un cabo israelí a cargo de facciones radicales palestinas. La mediación egipcia fue pronto marginada por Tel Aviv tras conocer las primeras exigencias sobre el número de presos a excarcelar y anclarse el Ejecutivo de Olmert en el discurso de que «Israel no negocia con terroristas», aunque el intercambio ya hubiera sido utilizado con éxito en otras ocasiones. De la calma existente antes del secuestro, a la peligrosa crisis planteada ayer con la captura por el Hezbolá libanés de otros dos militares, en un ataque en el que siete soldados perdieron la vida, y la consecuente represalia lanzada dentro del territorio libanés por Israel, hay un abismo, un desastre de incierta evolución y difícil solución. Lo que sí parece atisbarse en el fondo, del lado hebreo, es una tenaz presión desde el 'establishment' militar y de seguridad por avanzar hacia soluciones radicales mientras el bisoño ministro de Defensa, el laborista Amir Peretz, ha adoptado un papel muy secundario.
La operación israelí en Gaza ha sido un despropósito desde que se evaporó la posibilidad de un intercambio de prisioneros. Y la «ofensiva masiva en profundidad» que está dispuesto a iniciar Olmert en Líbano puede superarlo con creces, seis años después de que Israel decidiese salir del sur de ese país tras casi veinte años de ocupación. Cada vez que se da una vuelta a la tuerca militar se terminan produciendo tragedias, como la muerte de un matrimonio y siete niños ayer en Gaza, que minan un poco más la credibilidad israelí, al rebasar el derecho a su propia seguridad y existencia. Unos sucesos execrables que sirven de acicate para la radicalización palestina y el reforzamiento de sus organizaciones menos proclives a un acuerdo y más dispuestas a la violencia, incluso la indiscriminada, hasta atisbarse la terrible amenaza de 'iraquizar' la zona. De todos los conflictos que sufre el mundo, el israelopalestino es el que reclama más imperiosamente la imposición de una solución pactada. Pero Israel, después de gestos esperanzadores, parece haber vuelto ahora a su estrategia de fiarlo todo a su abrumadora superioridad militar y su alianza con Estados Unidos.