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Jueves, 13 de julio de 2006
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VIZCAYA
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De paseo con Gorabide
La asociación vizcaína en favor de las personas con discapacidad intelectual trabaja por la integración social
De paseo con Gorabide
POR BILBAO. Gorabide organiza distintas actividades. / MITXEL ATRIO
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En el centro de actividades de Gorabide en Bilbao, la asociación que trabaja por los discapacitados psíquicos, el mal tiempo ha obligado a cambiar los planes. Algunos se enfadan porque no van a poder disfrutar de la playa como estaba previsto, pero la coordinadora de la asociación, Ana Reguera, propone ir a pasear al Casco Viejo.

Son una decena los discapacitados adultos que han bajado a su local de Uribitarte a las 17:30 para pasar la tarde. Está chispeando y sólo cuatro se animan a salir. Los tres monitores que les acompañarán intentan convencer al resto, pero ellos se mantienen firmes: prefieren quedarse en el centro porque toca «taller de chanclas».

Durante el paseo, el grupo de salida mantiene una charla animada, la propia de un grupo de amigos. Marta cuenta sus experiencias laborales en el Lantegi Batuak de Zorroza, un taller de empleo donde trabaja por las mañanas. Juan se embala narrando sus hazañas en el parchís y critica entre risas a Manuela, ahora que no le oye.

Cuando por fin llegan a la plaza de Santiago, la conversación se interrumpe, sus caras se iluminan y observan entusiasmados la representación. «Es el festival de teatro de calle», exclama Marta entre aplausos, mientras se desliza hasta la primera fila.

En Uribitarte

Después de disfrutar con el teatro y tomar un refresco es hora de volver al centro de Uribitarte, «a ver cómo van nuestros compañeros con las chanclas». Al llegar, les conducen orgullosos a una mesa para enseñar la exposición de su trabajo: un abanico de sandalias adornadas con todo tipo de abalorios, materiales que han ido a comprar los propios discapacitados previamente. Al lado se ven camisetas, dibujos y demás logros de sus habituales talleres de trabajo.

Con estas actividades, la tarde se ha pasado volando. Ya son las nueve de la noche y toca irse a casa a descansar porque mañana será otro día lleno de retos y hay que afrontarlos con vitalidad. Los discapacitados se despiden de los monitores con dos besos, pidiéndoles que vuelvan pronto. Lo harán dentro de una semana. Juan acompaña a una monitora al metro con la mano en su hombro, un apoyo más que físico.



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