Mikel Unanue ofreció a los pelotazales un despliegue rematador en la semifinal del Torneo de San Fermín organizado por Asegarce. Junto a Patxi Ruiz doblegaron (22-14) a Olaizola II, apagado y con escasos recursos, y Peñagarikano. Aimar viene firmando un año negro. El 19 de marzo perdió la final del Parejas. El 4 de junio la del Manomanista. El pasado siete de julio, Martínez de Irujo le arrebató el título del Torneo del Cuatro y Medio de San Fermín. Y en la madrugada de ayer abandonó el frontón Labrit por la puerta falsa.
El campeón navarro está en un estado de juego ínfimo. Por no tener no tiene ni ese carácter competitivo tan elogiado por todo el mundo pelotazale. No le hace pupa a la pelota, llega mal y tarde a los envíos de sus rivales y su caudal de recursos parecen estar en hibernación.
Mikel Unanue, uno de los pelotaris de la últimas décadas que mejor ha escondido la pelota, se aprovechó a las mil maravillas de esta situación. Puso un marcador (13-4) favorable a su color, que puso las tesis de las apuestas patas arriba.
Al zurdo guipuzcoano se le vio muy motivado y con ganas de demostrar a sus intendentes que su carné de identidad se halla en plena vigencia. Fue con mucho el más distinguido del cuarteto. Además le insufló a su compañero la moral suficiente para borrar de la cancha a sus contrarios