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Sábado, 15 de julio de 2006
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Animales y personas
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO En el interesante suplemento dominical de nuestro común periódico, se publicaba un reportaje sobre la supuesta personalidad de los animales. La pregunta era concreta: ¿tienen personalidad los animales? Si nos atenemos a la definición del diccionario es evidente que no, porque se refiere sólo a persona. Pero si aceptamos la pregunta en un sentido más amplio y definimos la personalidad como algo que distingue a un ser vivo de otros, quizá se pueda admitir la personalidad de los seres irracionales, a menudo más racionales que nosotros.

Yo en estas cuestiones soy bastante ceporrete, pero quizá pueda aportar al tema una experiencia personal. Una prueba de la que puedo dar fe porque fui testigo presencial. Se la cuento.

Ocurrió en junio de 1943. Eran mis años juveniles y yo practicaba el atletismo en pista. Estaba en Barcelona participando en los campeonatos nacionales que se celebraron en el antiguo estadio de Montjuic. Una tarde, un compañero de equipo y yo, nos fuimos de paseo y se nos ocurrió visitar el zoológico, donde los animales aún vivían en jaulas.

Recorriendo el zoo observamos que ante una de las jaulas había mucho público reunido y, picados por la curiosidad, decidimos acercarnos. Pero antes de llegar vimos cómo, de pronto, la gente se apartaba asustada de la jaula, de cuyo interior salían espesos chorros de agua que habían remojado a los más cercanos a ella.

¿Qué ocurría en aquella jaula? Pues sencillamente que en ella vivía un mono de buen tamaño (no recuerdo su raza) que disponía de un gran pilón de agua para beber y remojarse y se divertía haciendo piruetas y monerías para llamar la atención del público. Los visitantes iban poco a poco acercándose a la jaula atraídos por el espectáculo y cuando el simio veía que había suficiente concurrencia, se acercaba al pilón del agua y ¿chap, chap, chap! lanzaba manotadas de agua sobre los curiosos remojándoles a placer antes de que pudieran ponerse a cubierto.

Aquel mono, buscando una forma de aliviar su tedio y su aburrimiento, había discurrido el truco de las monerías, las piruetas y las salpicaduras y se lo pasaba pipa remojando a los visitantes mientras sus colegas se aburrían. ¿Puede esto considerarse como una prueba de personalidad? Que lo digan los psicólogos porque yo no me atrevo.



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