El Correo Digital
Domingo, 16 de julio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
VIZCAYA
VIZCAYA
Regreso a la vida en Urdaibai
Cuatro polluelos de cigüeña, cuyo nido fue retirado de una iglesia de Vitoria, se salvan de una muerte segura al ser adoptados por una familia de Forua y varios biólogos de una fundación
Regreso a la vida en Urdaibai
FAMILIA ADOPTIVA. Carlos Iglesias da de comer a las cuatro cigüeñas que mima y cuida en su caserío de Forua. / MAIKA SALGUERO
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
LA CIGUEÑA COMÚN
Nombre científico: Ciconia ciconia.

Población: En Vizcaya anidan sólo 7 parejas. Cinco en Orduña, una en Durango y, la última en llegar, en Urdaibai.

Al alza: En España se estima que hay una población estable de más de 30.000 parejas.

Acervo popular: La cigüeña es un animal muy enraizado en la sociedad rural. Asociada a la fertilidad y el buen tiempo, se la conoce como 'la mensajera de la primavera'.

Publicidad

Cuando llegaron al pequeño pueblo de Forua, tras ser rescatadas del tejado de una iglesia de Vitoria, eran cuatro famélicos polluelos de cigüeña, de apenas 150 gramos. La muerte llamaba a su puerta. Ahora, dos meses después, sus esbeltas siluetas miden más de medio metro, pesan tres kilos y exhiben una mirada afilada, repleta de vida. Aún no tienen nombre, pero sus humanos padres adoptivos las han bautizado de forma provisional con los cifras '27', '28', '29' y '30', que se corresponden con los números anillados en sus patas, dentro de un proyecto global de introducción de este animal en Urdaibai.

La historia de estos cuatro retoños es la de un milagroso apadrinamiento. Un viaje desde el umbral de la muerte a la plenitud de su ahora portentosa naturaleza. Un duro recorrido de 60 días que, sin la ayuda desinteresada de una familia del pueblo de Forua y los biólogos de la Fundación Urdaibai, que han guiado con mimo y esmero cada uno de sus pasos hacia la supervivencia, nunca hubiera sido posible.

Los miembros de esta asociación se hicieron cargo de ellas «cuando sólo eran una pequeña bolita», recuerda Jon Hidalgo, presidente de este colectivo de estudio y defensa del medio ambiente. Entonces eran cinco polluelos que acababan de ser arrancados de sus nidos, de la torre del templo alavés de Betoño. El mal estado del tejado obligó a desalojar a estas aves y cerrar la iglesia al culto.

La Fundación Urdaibai decidió entonces buscar un nuevo hogar a las zancudas. Contactó con la familia Iglesias, que reside en el caserío Atxaga y que ya había colaborado con ellos en el proyecto global que desarrollan para reintroducir la cigüeña en la única reserva de la biosfera de Euskadi. «Primero las comenzamos a criar en la cuadra, bajo techo, porque eran muy pequeñas, después construimos un nido artificial», rememora Hidalgo.

Aquella primera fase de la recuperación fue dura. «Alimentarlas no era fácil. Teníamos que trocear la comida y dársela poco a poco», recuerda Carlos Iglesias, el cabeza de familia en el caserío Atxaga. «Uno de los cinco retoños murió. Fue una gran decepción, pero que hemos compensado sacando adelante al resto de aves».

Pollos y chicharro

Proporcionarles una dieta equilibrada ha sido el caballo de batalla de Carlos Iglesias y su hijo, que lleva su mismo nombre. «Ha sido nuestra mayor preocupación». Y, aunque las cigüeñas comen casi de todo -«es una gran omnívora»-, el menú se ha compuesto en estos dos meses, casi en exclusiva, de diminutos pollos y chicharro.

La historia de las aves de corral es muy curiosa. Llegan a Forua desde Valladolid. Allí hay una gigantesca granja, donde un sexador de pollos separa los machos de las hembras. «Parecía un mito, pero esta profesión existe de verdad», aclara el presidente de la Fundación Urdaibai. «Sólo se destinan al consumo humano las hembras, porque su carne es más tierna», añade. Los machos son sacrificados. Su cuerpo, una vez congelado, se destina a alimentar animales en cautividad.

Ahora, las cigüeñas '27', '28', '29' y '30' comen a diario hasta medio centenar de estos animales. También engullen casi enteros los chicharros que les ceden de forma gratuita los pescadores de Bermeo. «A la hora de la cena, se ponen muy contentas y empiezan a meter ruido en cuanto nos acercamos al nido», explica Iglesias.

En breve, las jóvenes cigüeñas abandonarán el caserío Atxaga. «Las dejaremos que vuelen libres. No creemos que tengan problemas de adaptación a la hora de regresar a su medio natural. El instinto hará que puedan conseguir comida por sí mismas», apunta Hidalgo. Eso sí, su ausencia generará un vacío difícil de llenar en la casa familiar de los Iglesias. «Nos dará pena, porque las hemos cuidado como a hijos, pero esperemos que vuelvan a visitarnos con cada migración», se consuelan.



Vocento