No son las más rápidas. Tampoco las más caras. Ni siquiera incorporan tecnología punta, pero aún conservan su encanto y encandilan a miles de aficionados. Son las motos clásicas. Los modelos más antiguos de Vizcaya y las provincias limítrofes se dieron cita ayer en Barakaldo. Hasta el frontón de Lasesarre, se acercaron cerca de 200 máquinas. Exhibidas en el recinto, hubo quien las confundió con unas piezas de museo. «Seguro que alguna ya ni anda. Tienen demasiados años», auguró un grupo de jóvenes del barrio de San Vicente. Una vez arrancados los motores, esta idea se les fue de la cabeza. A estas viejas motocicletas aún les queda mucho camino por recorrer.
Gran parte de los moteros son unos fanáticos de la velocidad. Van con frecuencia a Montmeló, Jerez o el circuito valenciano de Cheste. Allí aclaman a sus ídolos. Rossi y Pedrosa son los más adorados. Y lejos de rendir tributo a las nuevas marcas japonesas, los apasionados de las dos ruedas tienen predilección por las motos ilustres. Bultaco y Montesa son algunos de los fabricantes con mayor tirón. «Si no les haces excesivos kilómetros, duran varias décadas», precisa Egoitz Guzmán, un seguidor del mundillo. A sus 25 años, este vecino de Portugalete es capaz de acertar a ojo las características de cualquier máquina. «Mi aita me ha contagiado este amor a los modelos históricos», revela el joven.
Por una vez, Egoitz y su familia se desplazaron apenas unos kilómetros para disfrutar de su afición. Es la primera edición del certamen. Antes, tuvieron lugar eventos similares en Sestao y el barrio baracaldés de Lutxana. En esos casos, la premisa fue bien diferente. Solamente tenían cabida los vehículos de la histórica marca Lube.
A pesar de la amplia nómina de modelos, unas motos sobresalieron ayer sobre el resto: las Lube. No es por mero capricho. La relación entre los baracaldeses y la empresa es demasiado estrecha como para disiparse en unos años. A lo largo de varias décadas, el parque Serralta -en Lutxana- acogió la única factoría de la compañía en España. Hoy, todavía quedan motos de aquella época. Las más antiguas datan de 1947, aunque también las hay más jóvenes. Algunas, nacieron a principios de los sesenta. «Queremos conservar la memoria de la marca y actividades como ésta son la mejor manera de hacerlo», reflexiona Jesús García, el presidente de la sociedad motociclista Lube. La asociación se ha encargado de impulsar el certamen, en colaboración con el Ayuntamiento. Aficionados de Burgos, Cantabria o Guipúzcoa se acercaron hasta la segunda población vizcaína para participar en la concentración.
Excursión a El Regato
Hacia las 11.30 horas, se dio el pistoletazo de salida a la muestra. Tanto a la mañana como por la tarde, las motos permanecieron en el frontón de Lasesarre. Sólo hubo un descanso. Fue a mediodía, para hacer una escapada al pulmón verde de Barakaldo: El Regato. Antes, los vehículos de dos ruedas pasearon por las calles de la ciudad. En la comitiva se pudieron ver motocicletas de estilos y utilidades muy diversas. Desde las máquinas de trial hasta 'Hondas' más veloces, todas causaron furor entre los espectadores. «Hay algunas muy pequeñitas. ¿Déjame que monte!», imploraba un hijo a su padre, que no recibió la idea con muy buenos ojos.
La masiva presencia de público fue constante a lo largo de todo el día. Barakaldo se sumergió ayer en las fiestas patronales de El Carmen. Con el pertinente pañuelo a cuadros anudado en el cuello, los vecinos tomaron las calles. Y la cita motera se contagió de este ambiente. Hasta los premios de la concentración hicieron mención a los 'cármenes'.
Hubo cuatro galardones, con sus consiguientes trofeos. Y cada uno de ellos tenía la imagen de la mascota festiva, el pequeño ángel 'Jolín'. Una de las gratificaciones fue a parar a la moto clásica más antigua, otra a la mejor restaurada y una tercera al participante que realizó el mayor desplazamiento. El último premio tuvo como ganador al motero más joven.