El auge del terrorismo religioso -cuyo último ejemplo fueron las bombas que estallaron hace una semana en India- ha aumentado la sensación de inseguridad en Occidente. Analizar sus orígenes y discutir las mejores estrategias para combatirlo son algunos de los objetivos del curso de verano 'Terrorismo político y terrorismo religioso' que la Universidad de Cantabria celebrará en Laredo entre el 21 y el 24 del próximo mes de agosto. Su director, Iñaki Ezkerra, considera necesario crear un nuevo Pacto Antiterrorista que englobe también a la violencia integrista. Entre otros, participarán en estas jornadas los fiscales de la Audiencia Nacional Enrique Molina y Pedro Rubira; la presidenta de la Fundación de Víctimas, Maite Pagazaurtundua; el diputado del PP Ignacio Astarloa; y el periodista Santiago González.
-¿En qué se diferencian el terrorismo religioso y el político?
-La verdad es que están más cerca de lo que parece. Esta distinción se hace por poner una etiqueta. Hay mucho componente religioso en el político, y al revés. El terrorismo islámico tiene algo de componente occidental. Se nos trata de presentar esta violencia como algo ajeno a nuestra cultura, pero hay que romper este tópico: el culto a la muerte suicida no es específico del islamismo. Además, su terrorismo también tiene objetivos políticos. Hay un componente nihilista en los atentados contra las 'Torres Gemelas', y por tanto, occidental, que ya estaba en el terrorismo anarquista de principios del siglo XX.
-¿Y por qué ahora se da este auge?
-Surge del desarrollo de los medios de comunicación. El problema del mundo islámico tiene mucho que ver con el Tercer Mundo y en cómo nos observan desde allí. En la chabola más perdida del desierto hay una televisión en la que se ve cómo se vive en Occidente. La famosa 'fatwa' contra Salman Rushdie tiene mucho que ver con esto. Esta monstruosidad es tecnología del siglo XXI y Antiguo Testamento; cuando se unen las dos cosas surgen bodrios como el que estamos viendo.
-Hasta que no ocurrieron tragedias como las del 11-S o la de Madrid, Occidente vivió el integrismo como algo muy lejano. ¿Deben Europa y EE UU ayudar a los países musulmanes a luchar contra los sectores más intransigentes de su sociedad?
-Nada de lo que ocurre en el mundo islámico nos es ajeno. De lo que se trata es de que se produzca una secularización como la que se produjo en el cristianismo. Y en esto sí podemos enseñar el camino, pero tiene que ir acompañado de una industrialización, de unas clases medias... La España del velo no nos es tan lejana; superamos esa etapa de integrismo por las clases medias, por el desarrollismo. La democracia la trae más el nivel económico que los deseos de libertad. ¿Cómo se va a llevar la democracia a Irak si no hay industrialización o desarrollo?
-¿Qué condiciones deben darse en una sociedad para que un joven opte por ponerse un cinturón bomba y suicidarse en nombre de un dios?
-Hay una clave que es la posmodernidad. Hay mucha impostación. Las ideologías fuertes han caído. Hay un pensamiento político que es efímero, de consumo y superficial. Todo es falso y virtual menos las víctimas, los muertos. Su discurso se va a imponer. La muerte no es posmoderna, es tangible, real.
-¿Y cómo se puede luchar contra este fenómeno?
-Es muy importante tener una cierta confianza en nuestros valores. Si Occidente ha sido grande ha sido por lo laico, no por lo cristiano. El gran proyecto occidental ha sido la Ilustración. Contra el terrorismo hay que hacer valer esa herencia. Nos debemos colocar desde la defensa de la libertad. No es posible la sociedad multicultural, podrá haber una sociedad multiétnica. No es posible que haya en las sociedades occidentales guetos donde no reine el Estado de Derecho. Eso no es integración. Hay que hacerlo desde la defensa de una cultura democrática, que debe hacer que el inmigrante acepte las reglas de juego, que para eso viene a Occidente.
Pudor y desdén
-¿Ese combate contra el terrorismo islámico debe ser diferente al que se ha mantenido contra ETA?
-Sería partidario de hacer un Pacto Antiterrorista que también se ocupara de las nuevas violencias, porque creo que hemos permitido a ETA una serie de cosas que no toleramos al terrorismo islámico. No se puede aceptar el pudor que se ha tenido con las víctimas del 11-M y el desdén que ha habido con las de ETA. Las del 11-M pidieron que no se dieran imágenes de la masacre, mientras que durante años se han utilizado las de los atentados etarras. Incluso, ha habido quien las ha mezclado con deportes rurales vascos, como Medem. Imaginemos qué sucedería si un director de cine mezclase imágenes del 11-M con carreras de camellos. Por eso digo que habría que hacer un pacto que englobase los dos terrorismos.
-¿Hay diferencias entre las víctimas de ETA y las del terrorismo islámico?
-Hay una diferencia entre la que lo es accidentalmente y la que voluntariamente ha defendido una ideología y por eso es víctima. De todos modos, en la medida en que un atentado es político y que el terrorista busca fines políticos, el asesinato politiza a la víctimas. Cuando se habla de que a las víctimas hay que despolitizarlas, ¿por qué no se despolitiza ETA? Otra cosa es que la víctima sea partidista, y eso sí creo que es malo.