«As-salamu áalikum», se saludaban los primeros niños saharauis que se acercaron ayer al Probadero de Ondiz, en Leioa. Celebraban la fiesta organizada por la Delegación del Frente Polisario en Euskadi, que reunió a 150 pequeños de entre 7 y 12 años que pasan el verano con familias de acogida del País Vasco. Juegos, hinchables, actuaciones de magia y una gran chocolatada hicieron las delicias de unos niños acostumbrados a convivir con el desierto de los campamentos de refugiados de Tinduf. Una comida al aire libre, y varios alardes de danzas vascas y saharauis completaron una jornada que «además de divertir, pretende reivindicar los derechos de estos niños», comentó Julián San Román, miembro de la Coordinadora de Asociaciones Pro-Sahara de Euskadi.
El Probadero de Ondiz recibió a familias de todo el País Vasco, desde Bergara a Amurrio o Lekeitio. Pero gran parte de los niños pasarán el verano en localidades de la margen izquierda como Barakaldo o Santurtzi, donde el número de acogidas es sensiblemente superior. «En esto influye, sobre todo, la edad y la ocupación de las familias. En poblaciones como Getxo o Leioa viven parejas más jóvenes, en las que ambos trabajan fuera del hogar y que no pueden ocuparse de los niños», explica San Román.
Muchos de los pequeños que nos visitan este año, ya han disfrutado del programa de acogida en veranos anteriores. «Las familias suelen pedir el mismo niño porque así no tienen que adaptarse de nuevo», comenta desde la Coordinadora, Naiara Bilbao. Es el caso de Vicen Benitez, que ya ha pasado cuatro veranos consecutivos junto a Urika. «Es muy gratificante verle disfrutar en la piscina o, simplemente, comiendo fruta». Otros, como Nerea Azelai, se han lanzado a esta aventura por primera vez. «Hace tiempo que teníamos ganas y, aunque nos daba miedo el idioma, estos primeros días han ido muy bien», comentó.
Diccionario hasaní
Esta preocupación por el idioma es muy común entre las familias de acogida. Para solventar el obstáculo, Txomin Aurrekoetxea, Coordinador de las Instituciones Solidarias con el Pueblo Saharaui, ha creado un pequeño diccionario para que, «de manera sencilla, los padres y hermanos puedan hablarles a los niños en su idioma y viceversa». Se trata de un manual en castellano, euskera y hasaní, de fácil manejo y que recoge frases sencillas «de primera necesidad». Se divide en apartados como saludos, comidas, el cuerpo humano, o cómo expresarse en el médico. De todos modos, el idioma es más una preocupación que un problema real. Según Naiara Bilbao, «los niños son como esponjas. En un par de días ya se defienden en castellano y en dos semanas no callan».