Las jornadas de descanso en el Tour son una ruleta de declaraciones. Sirven para adelantar un pronóstico: cuantos más periodistas se acercan a un ciclista más favorito es. A la rueda de prensa de Pereiro, líder inopinado, acudieron decenas. Españoles en su mayoría. Chico guapo, fiel a los focos. Casa bien con la luz de las cámaras. «No tengo ningún miedo. Soy realista, pero ambicioso. Voy a luchar por llegar de amarillo a París». Quiere que el paso del tiempo le confirme. Es un ciclista audaz, de acecho, de fugas. Un corsario con uno de esos rostros que no envejecerán nunca.
Carlos Sastre, en cambio, nació con un gesto antiguo, de ciclista castellano, de escalador en blanco y negro. Sin gomina. Sin casi periodistas al lado. Apenas dos: «Da igual. Mi equipo y mi familia me valoran. Nunca he tenido prensa». Carece de ese flechazo. Ha sido un ciclista a la sombra. Incluso ahora, cuando es sexto en el Tour. Tan cerca del podio. «Bueno, todo puede cambiar esta semana. Depende de mí».
Quiere agarrar un foco y girarlo. Que le vea de frente. Vive tranquilo. Sin ruidos. «Tengo mucho que ganar y poco que perder», resume Sastre. Es un tipo sin presión. «Soy feliz. Me siento afortunado». No siempre fue así. «En otros Tours vine condicionado por cuestiones personales y profesionales». Por el fallecimiento del 'Chaba' Jiménez, su cuñado. Por la estela que dejó su ausencia. Es el sino de Sastre. Siempre oculto tras las estrellas. El segundo clasificado de la última Vuelta a España nunca ha sido el número uno. Oculto tras líderes como Olano, Jalabert y ahora Basso. O tras rivales como Heras o Valverde. Hasta en casa los objetivos se fijaban más en el 'Chaba'. «Siempre recuerdo lo que dijo alguien que iba a dar una charla. Le advirtieron de que igual no acudía nadie. Respondió que con un oyente le bastaba. Pues a mí, igual».
Reconocimiento
Le sirve con el reconocimiento de los suyos. «Sé que hay otros ciclistas más mediáticos». Ahora falta saber si los hay mejores en este Tour. «Landis y Menchov están un punto por encima. Pero creo que estamos siete u ocho con opciones, cortados por el mismo patrón». Y ahí, en ese coto, incluye a Pereiro. «Es un luchador nato. Ya ha sido décimo en el Tour y suele dar guerra en la última semana. Además, ahora ve el objetivo más cerca». ¿Y él? ¿Y Carlos 'invisible' Sastre? «Estoy motivado. Preparado para este reto». Vino como quitavientos de Basso, el italiano apartado luego por el CSC debido a su supuesta implicación en una red de dopaje, y ha mutado en líder del equipo danés.
«Basso es el mejor profesional que he conocido», defiende Sastre. «Su vida es la bicicleta y la familia. Hablé con él tras todo aquello y me dijo que él no había hecho nada malo. A mí con eso me basta». Así es el mundo de Sastre. Recio, serio. De palabra. Sin focos. Los compromisos se sellan con un apretón de manos. «No firmo ningún puesto». Tajante. Así ascenderá hoy Alpe d'Huez. A por todas, pero en voz baja. «La etapa irá bloqueada hasta allí. Y allí se verá cómo estamos todos». Es pragmático. Sin fuegos artificiales. Cuando uno de los escasos periodistas que acudieron ayer a su cita le preguntaron si se ve el domingo en el podio de París, respondió: «Ojalá. Lo que es seguro es que el lunes no será para la bicicleta, sino para disfrutar del triciclo». De la familia. Sastre es un corredor íntimo.