El esperanto nació en 1887 como una fórmula que sirviese para acercar a todas las personas a través de un idioma universal basado en raíces latinas, sajonas y eslavas. Con el paso del tiempo, se crearon delegaciones por todo el mundo que buscaron difundir su enseñanza. La capital vizcaína fue una de las ciudades elegidas. El grupo esperantista de Bilbao, del que José Luis Bringas es presidente desde hace 16 años, cumple ahora su centenario bajo un aura de nostalgia. Desde su efervescencia hasta el estancamiento, «lo que te aporta esta lengua sigue siendo glorioso», asegura.
-Tras más de cien años desde su creación, ¿qué queda de aquella frase 'Cada pueblo con su idioma y el esperanto para todos'?
-Aunque lo hablan cientos de miles de personas de todo el mundo, el idioma va en regresión y envejece sin remedio.
-¿Qué cree que ha fallado a la hora de su difusión?
-Ha faltado el apoyo de los gobiernos. Es un instrumento que debería haberse tenido en cuenta en lugares como la ONU, donde el trabajo sería mucho más sencillo si se disminuyese el número de idiomas. Pero bueno, parece que es mejor complicarse.
-La historia tampoco les ha favorecido.
-Está claro, sobre todo, durante la Guerra Civil. Ahí si que más de uno se llevó una buena bofetada. Se temía que los círculos esperantistas acogieran a gente que no comulgara con el régimen y hasta tuvimos dificultades para mantener nuestra estrella porque se creían que era comunista.
-¿Qué significado tiene?
-Se compone de cinco picos, uno por cada continente, y es de color verde, el de la esperanza. ¿Fíjate si se equivocaron que ni siquiera se pararon a pensar que no era roja!
-A pesar de todo, tiene que resultar muy complicado promulgar un idioma que en la vida diaria no tiene ninguna utilidad.
-Un chico me preguntó una vez: «Si pongo el esperanto en mi curriculum, ¿me servirá de algo?». Mi respuesta fue que el esperanto es una ventana al mundo que no vale como referencia y que no te hará ganar dinero.
-¿El inglés es un enemigo demasiado fuerte?
-Antes quien quería ser alguien tenía que saber francés y, ahora, es igual sólo que con el inglés. Pero no hablamos de enemigos porque el esperanto respeta todas las lenguas nacionales, sólo se trata de un idioma auxiliar. Eso sí, la ofensiva del inglés es tremenda y sólo se basa en motivos económicos.
-¿Se imaginaría hoy en día a un profesor dando clases de esperanto en la escuela pública?
-En Magisterio la tienen como asignatura optativa y están 25 matriculados. Lo de hacerla obligatoria en los colegios, sinceramente, lo veo muy lejano.
Nuevas tecnologías
-Dígame una frase.
-La vojo estas longa.
-Y eso significa...
-El camino es largo.
-Vaya, no parece tan fácil como pregonan.
-¿Es sencillísimo! Todas las letras tienen su propio sonido, no existen las dobles, ni tampoco los acentos...
-Ya. ¿Cuánto tardó usted en aprenderlo?
-En seis meses con dos clases a la semana escribía muy bien y hablaba decentemente. No te puedes ni imaginar lo que se siente cuando vas a otros países y también hablan el esperanto.
-Si es tan bueno y tan sencillo, ¿por qué no se impuso?
-Eso mismo me pregunto yo con cosas como la paz o el desarrollo de los países del tercer mundo.
-'Bajo el sagrado signo de la esperanza', como predica su himno, ¿cree que el esperanto tendrá cabida en un futuro?
-Creo que sí. Hace poco vinieron unos chicos al grupo que sabían esperanto y no habían ido a ningún curso. Lo habían aprendido en Internet. Eso sí que es un verdadero potencial.
-En las nuevas tecnologías parece que está la clave de todo.
-Y en la juventud. Resulta raro encontrarte con alguien que no tenga acceso a un ordenador con conexión. Son las clases del futuro que, además, te permiten ponerte en contacto con gente que también lo conoce.
-Sin duda, son un movimiento idealista.
-Ya no tanto. Su fundador, L.L. Zamenhof, creía que al hablar un mismo idioma todo sería más sencillo, pero se equivocó. La prueba está en que existen las guerras civiles y los conflictos entre familias. Aunque se ha demostrado que el esperanto es válido, la realidad acaba imponiéndose.