El estadounidense Lance Armstrong , siete veces ganador del Tour de Francia, calificó ayer de 'broma', sus declaraciones en las que afirmaba que los futbolistas de la selección francesa estaban dopados. «Los comentarios que hice eran broma, no quise insultar a nadie. Francia es un país que me gusta mucho y que me lo ha dado todo como corredor, y el Tour es y será siempre la mejor carrera del mundo», señaló Armstrong en un hotel de Alpe d'Huez, al que llegó en bicicleta el pasado lunes por la tarde.
El campeón estadounidense, que siguió en helicóptero la etapa con final en el puerto que él mismo conquistó en dos ocasiones (2001 y 2004), aseguró que no tenía pensado «ir a ver a Jean Marie Leblanc» ni rodearse de los «Vips», sino que había venido a «estar con los compañeros». Sobre el desarrollo de la carrera y la actuación de su compatriota Floyd Landis, el campeón texano indicó: «creo que va a ganar Landis y así lo deseo, porque me haría mucha ilusión que el maillot amarillo fuese a América».
Armstrong tiene pensado seguir la decimosexta etapa entre Bourg D'Oisans y La Toussuire en el coche del director del Discovery, Johan Bruyneel, y después se trasladará a París para ver in situ la jornada final. El ex líder del US Postal y Discovery, retirado el pasado 24 de julio, manifestó que se encuentra «muy ocupado» con su trabajo en la Fundación que preside contra el cáncer.
Furiosos con la 'broma'
A pesar de haberse retractado de sus comentarios, Armstrong es ahora una de las personas menos aceptadas por los franceses, después de haber calificado a los futbolistas de Francia, con Zidane a la cabeza, como «dopados hasta el culo». Además, en el país galo no ven con buenos ojos sus siete victorias bajo la sospecha de dopaje.
Por todo ello, los medios de comunicación franceses y la opinión pública se encuentran indignados con la afrenta contra 'Zizou' y 'Les bleus' y no perdonan al campeón.