Sudaba y sólo pensaba en el frío. Sobre la brea de Alpe d'Huez, Carlos Sastre, trémulo, tenía los músculos calcinados por la etapa de ayer y sólo pensaba en la de hoy. «Perdonad, pero voy a ponerme algo». El final de su etapa coincidió con un chubasquero.
Ya a resguardo, se confesó: «He ido al límite, más no puedo dar. Por eso estoy contento. Lo he dado todo». Terminó noveno, a minuto y medio de Schleck y a apenas 25 segundos de Landis y Kloden, los dos mejores entre los candidatos al podio de París. De entre ellos, Sastre fue el tercero, por delante de Menchov, Pereiro y Evans. «Es lo bueno de esta etapa, que he sacado tiempo».
Lo decía serio. Como es. Prudente. Fijándose en las dos etapas alpinas que aún restan y en la general: es quinto, a 2.17 de Landis y a 2.07 de Pereiro, y a rebufo de Dessel y Menchov. «Ya, pero Kloden ha estado muy bien y lo tengo cerca». Luchará por el podio. «Mantengo mis opciones». Se conoce bien. «Yo no reviento».
Sastre aguardará el desplome ajeno. Y vigilará de cerca al patrón de la carrera. «Landis juega con el margen que puede conseguir en la contrarreloj. Se deja llevar. Le conviene», comenta con un inicio de temblequeo. «Bueno, me voy. Por el frío, que me ha caído una churra de agua...».