La Guardia Civil tuvo que proteger ayer a Mariano Rajoy de un nutrido grupo de personas que le abuchearon y silbaron en su visita a Benavente. Los manifestantes, convocados por UGT, protestaban por la política sanitaria de la Junta de Castilla y León -en manos del PP- y reclamaban un hospital para la localidad zamorana. Los incidentes se repitieron por la tarde, aunque con menor intensidad, en Ponferrada, en la vecina provincia de León, y también con sindicalistas de UGT como protagonistas. «Acabarán siendo mis amigos», bromeó Rajoy, «con visitarme en un solo lugar ya sería suficiente».
Los primeros abucheos se registraron ante la iglesia de Santa María de Azogue de Benavente, donde los gritos y silbidos de los manifestantes se mezclaron con los aplausos de los simpatizantes del jefe de la oposición, que coreaban «presidente, presidente». Los agentes tuvieron que escoltar a Rajoy e impedir el acceso del público a la zona para que pudiera atender a los medios de comunicación.
Mariano Rajoy lamentó el incidente y acusó al PSOE y a UGT de boicotear su visita. Pidió «respeto» y recordó que ya padeció situaciones similares en Cataluña y el pasado lunes en Guadalajara, cuando acudió al funeral por los once bomberos fallecidos hace un año en un incendio. Además de los abucheos, familiares de las víctimas abandonaron la iglesia al comprobar que la primera fila estaba reservada para Rajoy y los demás políticos.
El dirigente popular exigió que «se nos deje exponer nuestras posiciones» y aseguró que los incidentes no van a arredrarle. «Voy a seguir haciendo lo mismo, pero creo que esta política de acosar a un partido, de dividir, es muy mala». Tras repetirse la protesta en Ponferrada, Rajoy relativizó los abucheos tachándolos de «gajes del oficio».