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Viernes, 28 de julio de 2006
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Trueba y Don Celes
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En esta amable tertulia que mantengo con mis lectores, creo haber dejado clara mi opinión sobre la mayor hazaña del ciclismo español en la vuelta a Francia, que en mi modesta opinión, y sin menoscabo de los que han ganado tantas veces el Tour, corresponde al pequeño ciclista montañés Vicente Trueba, uno de mis tres ídolos deportivos infantiles (los otros fueron el Athletic y el mejor boxeador español, Paulino Uzcudun).

Para los que no leyeron mis comentarios anteriores, les diré que el pequeño Vicente Trueba (Vicentuco para los amigos), que medía 1,58 de estatura y pesaba 55 kilos, llevado de su entusiasmo por el ciclismo, se presentó él solo con su bicicleta en la vuelta a Francia, se inscribió como 'independiente' y, sin más ayuda que su corazón y sus piernas, se enfrentó a los potentes equipos nacionales de Francia, Italia y Bélgica.

Al principio los grandes ases del ciclismo tomaron a broma a aquel 'diminuto' desconocido, pero pronto tuvieron que cambiar de opinión y pasar de la broma al respeto, cuando 'la Pulga' ('la Pouce', como le apodaron los franceses) comenzó a enseñar el sillín a los más destacados ases mundiales y en la vuelta a Francia de 1932 se llevó de calle el premio de la montaña, dejó a los mejores escaladores con un palmo de narices y, luchando él solo contra todo y contra todos, quedó en el sexto puesto de la clasificación general.

Hoy vuelvo a rememorar aquella gesta de Vicentuco porque recibo una carta de su biógrafo Ángel Neila con una postdata del sobrino de Trueba, y así me entero de una anécdota del ciclista montañés que me ha emocionado un poco. El párrafo de la carta dice así. Copio: «Le contaré algo curioso que pude vivir con frecuencia en mi infancia. En aquella época Vicente adquiría diariamente 'La Gaceta del Norte' y nunca dejaba de ver la tira de las desventuras de Don Celes que, como moraleja, me comentaba con su sonrisa entre ingenua y traviesa. Ya ve qué extrañas convergencias establece la vida".

Quién me iba a decir a mí, cuando de niño me emocionaba leyendo las hazañas de Trueba, que muchos años más tarde aquel héroe de mi infancia se iba a divertir con mis dibujos. Realmente tiene razón su biógrafo: la vida da muchas vueltas y he aquí que en una de ellas llegaron a encontrarse Trueba y Don Celes. Un encuentro que me ha emocionado, se lo digo de verdad. DE CUANDO EN CUANDO OLMO



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