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Domingo, 30 de julio de 2006
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«Con el Puente Colgante, lloré como un niño»
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-¿Cómo se enteró de su marcha a la dirección de Metro Bilbao?

-Viene de hace tiempo, aunque los primeros meses del año se desarrolló con especial rapidez. El presidente del consejo de administración y diputado general, Jose Luis Bilbao, me llamó y, por mi parte, no tuve la menor duda. Lo que sí pedí fue que se dilatase hasta julio porque el proyecto del Puente de Vizcaya aún no estaba materializado. De todos modos, mi relación con el metro no es nueva.

-¿...?

-En 1998, comenzamos el proceso de remodelación del Puente de Vizcaya. Como servicio público, nuestro punto de referencia más importante y cercano era el metro, ya que movíamos 6 millones de pasajeros anuales. Teníamos que darle seguridad, rapidez y agilidad a una estructura centenaria. Fue entonces cuando contactamos con Josu Sagastagoitia y su gran equipo. ¿Quién lo iba a decir!

-Ahora sólo le queda hacer del metro un Patrimonio de la Humanidad.

-¿Es que si lo consigo me sacan a hombros! Existen tres condiciones: que sea un ingenio del hombre, que durante su existencia haya sobrevivido siendo útil y dando el servicio para lo que fue concebido y que esté integrado en la sociedad...

-Bilbainadas aparte, ¿qué sintió el día del galardón?

-Lloré como un niño. El tema no estaba hecho hasta el momento de las votaciones. Eran 34 candidaturas de otros tantos países y 12 se quedaron fuera.

-Cuando ocurrió, ya se encontraba en Metro Bilbao. ¿No le dio cierta 'envidia' haber dejado la gestión del Puente Colgante días antes de la votación?

-Estuve en Lituania junto al consejo de administración. A mi derecha tenía a Carlos Pernaut, vicepresidente del Icomos, la ONG que evalúa a los candidatos a Patrimonio de la Humanidad. Te aseguro que nos abrazamos como niños y lloramos a moco tendido.



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