No sé si ustedes se habrán fijado en el detalle, pero yo sí y algunos de mis amigos también, y lo hemos comentado en más de una ocasión intentando sacar conclusiones. Me refiero a la gran cantidad de señoras, y sobre todo señoritas, que circulan por la vía pública exhibiendo un exceso de kilos. Lo que en términos coloquiales se llama gordas. Me dirán que también hay hombres gordos, y es cierto, pero la diferencia a favor de las gordas es abrumadora.
Algunas procuran disimular recatadamente con sus vestidos el exceso de panículo adiposo (que es como se denomina técnicamente a la capa de tejido adiposo situado debajo de la piel de los vertebrados) pero las hay también (quizá la mayoría) que exhiben su volumen alegremente e incluso diría que destacándolo para que se vea mejor. Para ello utilizan unos pantalones ceñidos que marcan la región glútea como si fuesen los dos hemisferios de un mapamundi, que se mueven rítmicamente cuando su dueña camina.
No quiero que las señoras de este gremio voluminoso se molesten por mis comentarios, porque los hago sin ninguna intención peyorativa, que conste. Lo hago tan sólo a título exclusivamente informativo. Me gustaría saber a qué se debe esta proliferación de señoras y sobre todo señoritas gordas, porque algunas comienzan ya a almacenar arrobas desde la adolescencia.
Una amiga mía, saliendo en defensa de sus colegas de género, me argumentaba que el fenómeno podía deberse a un defecto del metabolismo, que según leo en el diccionario consiste en el conjunto de reacciones químicas que efectúan constantemente las células de los seres vivos sintetizando sustancias complejas. Es decir, que la culpa la pueden tener las células del cuerpo que trabajan por su cuenta y les da por sintetizar tirando al engorde.
El razonamiento no deja de tener su fundamento biológico, pero otra amiga mía lo rebatió fácilmente ya que por su edad había vivido los años de la guerra y la postguerra (y yo lo confirmé porque tambien viví y sufrí aquellos años de escasez) y en esa época, efectivamente, todos y todas estábamos flacos.
De lo cual se deduce que la gran cantidad de gordas que circulan por nuestras calles se deben mas bien a la afición por la comida. Lo que nos lleva a requerir la opinión de los entendidos en dietética (aquí te quiero ver, amigo Jesús Llona) para que nos digan a qué se debe esta proliferación de bilbaínas voluminosas y qué dieta aconsejan para volver al volumen normal, que sin duda es más sano y, por supuesto, mas estético.