Cuando la Ertzaintza todavía no había llegado a la plaza del metro de Algorta, centenares de curiosos observaban cariacontecidos cómo la boca del suburbano estaba pagando la irritación de decenas de jóvenes vándalos. «Se va a liar una muy gorda», barruntaba un joven matrimonio del municipio. Fue cuestión de minutos. Con el sonido de las sirenas, comenzó la espantada. Pese a todo, desde la distancia, se sucedió el lanzamientos de botellas y piedras.
La estación de Algorta quedó cerrada, pero el metro no dejó de funcionar en ningún momento. Esta fue una de las principales quejas de los asistentes. «Siempre pasa lo mismo, por tres chavales, pagamos todos. Además, ¿los has visto? ¿Si son unos críos!», denunció Iñaki Larrea, un joven bilbaíno que quería coger el metro junto a su novia. Bidezabal y Aiboa eran las alternativas más próximas. En los dos apeaderos, sobre todo en el primero, se formaron importantes aglomeraciones con el consiguiente enojo de los usuarios. Hay que recordar que las fiestas de Algorta son unas de las más concurridas de Vizcaya.
Con la actuación de los agentes de la Policía autónoma, el revuelo se multiplicó. Muchas fueron las personas que llamaron a los porteros automáticos de los edificios cercanos para refugiarse en los portales. Otros, los más jóvenes, llamaban a sus casas para informarles de que la estación de metro estaba cerrada.
Como en buena parte de las cargas policiales, ayer, según denunciaron varios adolescentes, también pagaron justos por pecadores. Una joven de Berango que se encontraba en la zona de las txosnas, «ajena a todo lo ocurrido», recibió un pelotazo de goma en la cabeza y tuvo que ser atendida por los servicios sanitarios. Otros presentes calificaron la actuación policial de «desproporcionada».
«Todos los años»
Con la resaca, los vecinos no se explicaban lo sucedido. Decenas de curiosos se acercaron a la boca de metro para comprobar unos desperfectos que se contarán por varios miles de euros. A preguntas de los curiosos, un empleado de seguridad contestaba tras la verja de la estación que «se habían registrado disturbios». En su interior, los técnicos miraban perplejos el estado en el que había quedado la escalera mecánica.
A mediodía, con el paso de las horas, el sentir de los vecinos era de «asombro» e «indignación». «No hay derecho que hagan esto. Todos los años tenemos incidentes», denunció un vecino.