El Correo Digital
Lunes, 31 de julio de 2006
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DE CUANDO EN CUANDO
El polizón
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Una de las acepciones del diccionario que, en mi humilde opinión, está equivocada o incompleta es la de polizón, que en el libro se lee de esta forma: «Polizón.-Persona que se embarca clandestinamente». Es decir, una persona que viaja gratis, porque el verbo embarcar se refiere no sólo a un barco, sino también a un tren o a un avión. Y yo les voy a hablar hoy precisamente de un polizón que viajó gratis en el metro y que no era una persona, sino un perrito. ¿Cómo lo hizo? Se lo cuento, porque es la segunda vez que observo este simpático truco.

En un rincón de la plataforma del vagón donde yo viajaba vi a un hombre llevando en bandolera una bolsa de tela de tamaño normal y no le di importancia hasta que llegué a mi estación de destino, San Ignacio. Entonces, observé que aquel hombre hacía una extraña operación con la bolsa y me pareció que había metido dentro un perrito de lanas. No estaba muy seguro, porque la visión fue bastante fugaz y como aquel señor salía en la misma estación que yo, decidí seguirle para cerciorarme.

El hombre subió las escaleras con su bolsa cerrada, pasó por las canceladoras, subió las escaleras de salida y cuando se vio ya en la calle, sacó de la bolsa un perrito de lanas con su correa, lo puso en el suelo y se fueron los dos tan felices. Sobre todo el perrillo, que, al verse al fin libre y en el suelo, caminaba dando alegres cabriolas de satisfacción.

Se veía a las claras que no era la primera vez que el perrito viajaba de polizón en el metro. Dentro de la bolsa no se había movido ni había emitido el menor gruñido. Él sabía que estaba seguro, que aquello no duraba mucho y que viajaba junto a su dueño. Ninguno de los viajeros del vagón nos dimos cuenta del truco.

Evidentemente, aquel viajero había transgredido una de las normas del metro, que prohíbe viajar con cualquier tipo de animales (salvo los casos de perros lazarillos o perros de vigilancia), pero yo me pregunto: ¿A quién le molestó aquel chucho, dentro de su bolsa? Evidentemente a nadie. Puestos a molestar, creo que molestan mucho más las mochilas en la espalda y, sobre todo, los cochecitos de niño. En especial, los que abultan como tres viajeros adultos.

Es la segunda vez que observo este truco del polizón canino. Lo cuento porque no deja de tener gracia y, en mi opinión, no molesta a nadie.



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