El Correo Digital
Lunes, 7 de agosto de 2006
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Carajos y carabelas
Carajos y carabelas
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OLMO Sigo abriendo la correspondencia y me encuentro con la carta de Antonio Alba, un pintor de los de pincel y lienzo, que se encuadra en la escuela realista y me invita a visitar su estudio, según me dice, para compensar la contemplación de todos esos «carajos» que aparecen repartidos por la vía pública de Bilbao, porque da la impresión de que no puede haber arte callejero si no es a base de pedruscos, chapas o hierros.

Yo comparé no hace mucho estas «obras de arte» con las que pude ver con verdadera envidia, repartidas por las calles de Oviedo, una ciudad que ha optado por la línea más bien clásica y no saben ustedes lo bonito que era encontrarse en calles, plazas y encrucijadas con aquellas figuras representativas de personajes típicos de la regios. En fin, amigo mío, cada cual tiene sus gustos y a nosotros nos ha tocado el del «carajismo». A lo mejor acaba por gustarnos.

Continúo abriendo cartas y contesto ahora a otro amable tertuliante que firma sólo con sus iniciales, I.M.A., lo cual no deja de ser una pena porque yo suelo guardar el anonimato de quienes me escriben y la correspondencia es más grata conociéndonos todos. Bueno pues el señor I.M.A. incluye en su carta dos observaciones a dos comentarios míos. Una de ellas se refiere a las famosas «tres carabelas» de Colón, que no eran tres carabelas sino dos y una nao o carraca. Lo que ocurre es que el lenguaje coloquial unificó el tipo de las tres embarcaciones.

El amigo I.M.A. me aporta unos párrafos de la obra «El divino impaciente» de José María Pemn donde se dice que la flota del genovés estaba formada por las tres carabelas, la Pinta, la Niña y «la mas fuerte y más grande de todas, la Santa María». No entiendo de modelos náuticos, pero entre la teoría de un escritor y la de un navegante experto, me inclino por la segunda sin vacilar. Creo que está de sobra probado que la Santa María era una nao, lo cual no resta méritos a la aventura del más famoso almirante de la mar que fue capaz de embarcarse en aquel cascarón y atravesar el Atlántico contra vientos y mareas.

En lo que sí coincido con I.M.A. es en calificar esta hazaña como la mas importante de la historia. Sobre todo para los que pudimos visitar la réplica de la Santa María en Barcelona. Yo les aseguro que no me embarco en aquel cacharro, ni para ir a pescar chicharros.



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