Era más que un reto. Un sueño. Alex de la Huerta es un apasionado de los pedales. Este joven de Basauri lleva buena parte de sus 19 años subido sobre las dos ruedas y desde hace un año le rondaba por la cabeza una idea: subir en bicicleta el puerto de Orduña. Pero marcha atrás.
«Hubo una vez un hombre que lo hacía en puertos de menor categoría y pensé que si él pudo, yo también». Alex lo ha conseguido tres veces. La primera, el pasado miércoles. Entonces, tuvo que hacer seis paradas en el camino para poder completar la dura subida al puerto de Orduña. Dos días más tarde logró el ascenso en bici sin detenerse. La última vez que lo consiguió fue ayer.
En las dos primeras ocasiones probó sus fuerzas en privado. Sentado sobre el manillar y vuelta la vista, completó el duro ascenso, ocho kilómetros de cuesta con una pendiente del 15%. Ayer repitió el recorrido ante medio centenar de amigos, familiares y curiosos. Junto a él siempre está su padre, que pedalea de manera convencional y le sirve de guía. Le indica las numerosas curvas que se le avecinan y alerta si vienen coches. «Lo peor es encontrarte con camiones porque Alex circula por uno de los carriles y no hay arcenes», advierte el padre.
Con sus indicaciones, un botellín de agua para aliviar la sed y los ánimos de cuantos le acompañaron en bici, corriendo y en coche, el joven basauritarra llegó a 'meta' «reventado» pasadas las ocho de la tarde. Una hora y cinco minutos después de partir.
«Se cargan las piernas»
«Mucha gente, incluso algunos ciclistas, creen que es imposible», confesaba con ánimo poco antes del comienzo. Alex ha demostrado que es posible, aunque reconoce que no puede hacerlo cualquiera. Exhausto, feliz y aturdido por la expectación que había creado su proeza, apenas podía articular palabra. Y es que el esfuerzo pasa factura. «Sobre la bicicleta se te cargan las piernas y al bajar vienen los mareos, pero enseguida me recupero», asegura.
Además de fortaleza física, esta arriesgada ascensión también exige resistencia mental. «No hay que perder la concentración, ni pensar en los coches que suben. También es importante aguantar como sea los mareos que te vienen al circular marcha atrás».
Entre aplausos y muestras de ánimo Alex recuperaba arriba la sonrisa. El joven ciclista asegura que con la subida de ayer no se han colmado aún sus proyectos sobre los dos pedales. «Para muchos estoy loco por hacer cosas como ésta, pero es una forma de superarme», explicaba este vecino de Basauri.