El Ayuntamiento de Bilbao tendrá que pagar un alto precio por el fiasco de Prodigy, el grupo que estaba llamado a ser la estrella internacional de estas fiestas y que, según confirmó el Consistorio, se ha caído con todo el equipo en vísperas del txupinazo. En un intento por salvar el cartel musical y no aparecer con las manos vacías a la hora de pasar en público el mal trago de la cancelación, la concejalía de Cultura ha tenido que buscar deprisa y corriendo un grupo con calidad y capacidad de convocatoria para cubrir la vacante con garantías. Y lo ha encontrado en la banda inglesa de ska Madness, eso sí, pasándole factura y no sólo por el desgaste político que pueden sufrir los responsables del departamento que gestiona Jon Sánchez a cuenta del nuevo borrón. El caché de Madness, que ayer tocaban en Puerto Banús, se ha disparado en la Aste Nagusia hasta los 191.000 euros, un precio superior al que debería haber cobrado en condiciones normales y que, seguramente para sus siete componentes, hará de su actuación en Botica Vieja una cita más recordada que la marbellí. Los partidos de la oposición no dudaron ayer en atribuir el encarecimiento a «la nefasta» gestión de Cultura.
Pero hay más nombres en este espectáculo. La cancelación del concierto de Prodigy enroló ayer en el mismo barco al Ayuntamiento, como organizador, y a Last Tour International, como empresa encargada de la contratación de la banda. Cultura, a través de un portavoz autorizado, insistió en atribuir el descuelgue al incumplimiento de una cláusula del contrato, que obligaba a las partes a guardar silencio sobre la cita de Bilbao hasta después de la actuación del grupo en el festival tecno de los Monegros (15 de julio, Huesca). «El concierto fue suspendido después de que la noticia se difundiera en un medio antes de la fecha prevista -que era el 16 de julio», reiteraron los mismos medios. Cultura aclaró que no culpa así a nadie, y que tampoco tiene intención de identificar el origen de «la filtración, si es que la ha habido» -la clave de esta polémica- porque eso sería «una caza de brujas».
Este periódico ha confirmado que el contrato lo conocían 'cuatro' y que era «absolutamente confidencial», con una cláusula que «se respeta» en todo el sector-lo que agravaría la irreponsabilidad en caso de indiscreción de una de las partes firmantes-. Sin embargo, Cultura sostiene que «ese papel estaba por muchas mesas». Al parecer, se puede dar con un canto en los dientes porque Prodigy podría pedirle el importe íntegro de su caché como colofón al despropósito. «Lo relevante es que un grupo de las fiestas, de 90 que hay, se ha caído y que ha habido capacidad de reacción. El problema son las cláusulas abusivas que nos obligan a firmar», explicó el portavoz de Sánchez, quien aseguró que Madness cobrará lo mismo que Prodigy.
Casi nada. Last Tour afirmó que el contrato se cerró en marzo, aunque aclaró que hay dos. Uno firmado con el Ayuntamiento y otro, «con el manager de Prodigy». A partir de ahí surge el carrusel de versiones dispares.
La teoría de los Monegros
Una sobre la teoría de los Monegros que, movida desde Bilbao, viene a decir que los organizadores de ese festival exigieron rebajar el caché de Prodigy al conocer que iban a tocar poco después en la Aste Nagusia y, encima gratis. Que eso les quitaba público y que, por ello, Prodigy se descolgaba de Marijaia. En declaraciones a este periódico, el director del Desert Festival, Eloy Martín, negó cualquier tipo de «presión», se congratuló por la buena asistencia de público -41.000 personas en un día- y aseguró que se enteraba ayer de la 'movida'. «Nos dijeron que Prodigy igual tocaba en Bilbao y que, en ese caso, se anunciaría después de los Monegros. A partir de ahí, no me confirman nada. Hombre, si me llego a enterar de que se difunde antes, me hubiera molestado, pero es que no sabía nada. Hasta hoy».
Más contundente fue Concorde International Artistes, la agencia que lleva a Prodigy. Con sede en Londres, su portavoz, Sheraz Qureshi, desmintió la contratación en la Aste Nagusia: «nunca ha estado firmado el contrato de Prodigy ni confirmado el concierto. Sólo hubo negociaciones, en las que únicamente se habló de la cláusula. Nos ofrecieron el 25 y 20 de agosto, pero les dijimos que la banda estaba trabajando en su nuevo disco».