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Sábado, 19 de agosto de 2006
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VIZCAYA
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¿Un chorrito de arte o una cascada?
Morante de la Puebla es la gran novedad del abono y un exponente del llamado 'toreo de Sevilla'
¿Un chorrito de arte  o una cascada?
ARTISTA. Morante posa con el capote del paseíllo en los toriles de la Maestranza. / REUTERS
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Hace bastante que Morante de la Puebla no torea en Bilbao y no hay recuerdo bueno ni malo ni de la última ni de la penúltima ocasión en que lo hizo. Pero algún día iba a tener que detenerse ese tren en Abando porque en Bilbao hay, como en todas partes, gusto y regusto por el garabato que cosquillea. Por el llamado tan enfáticamente 'toreo de arte', abigarrado concepto, a veces mero cajón de sastre. El caso es que Morante, dueño de personal garabato inconfundible y artista de profesión, se ha animado por fin a anunciarse en las Corridas Generales y que su nombre es, en el fondo, la gran novedad del abono de Vista Alegre de este año.

En torno a Morante se ha generado una leyenda no inventada. Antes de que un mito cobre rasgos, se precisa aura previa. Una vida difícil, por ejemplo. Y, por ejemplo, la de Morante, que fue niño prodigio, torero precoz, estrella fugaz y frágil, juguete roto antes de tiempo, barquito tocado y hundido en batallas navales de intereses taurinos, matador melancólico, deprimido y perdido, ave fénix, maestro de escuela propia. No todo a la vez, naturalmente. Pero casi todo por su orden. Y una muy grave cornada en Sevilla que lo mandó casi al limbo hace seis años, sólo una temporada después de haber recreado la idea del llamado 'toreo de Sevilla' y de haberse encajado holgadamente en la antología de toreros de Sevilla y sevillanos, las dos cosas juntas, que no es especie abundante.

La sinuosa vida personal y profesional de Morante está llena de enigmas, incógnitas, búsquedas, encuentros y reencuentros. Todo lo cual se transluce en una idea del toreo extraordinariamente original y en una singular capacidad para interpretarlo. Morante es un prematuro veterano y no hay más que ver su figura y su manera de componerla. O su manera no de ser sino de estar para confirmar ese punto. Es, además, un torero de gran fondo técnico, muy trabajado en el campo, muy rodado, muy estudiado. Sin la sólida base de su toreo de prosa, digamos, no podría de ninguna manera encenderse ese otro toreo de lírica apariencia que ha conferido a Morante un sello de torero elegido que le distingue cada vez más inconfundiblemente.

Es, primero, cosa física: el encaje de cuerpo y caderas, el asiento de pies por talón y planta, la cabeza encajada pero torcida o ladeada como si toreara el cuello, los brazos sacados desde el hombro y no desde el codo, las muñecas batidas en varios ritmos dentro de un mismo golpe hasta dar la sensación de que Morante torea en ocasiones con las yemas de los dedos o las palmas de las manos.

En manos de la musa

La musa no está siempre disponible, naturalmente. Hay tardes en que la musa y Morante no están para nada. Pero hasta eso ha pasado a ser vapor vendido al peso, y cotiza. Muy irregular con la espada, pero extraordinariamente fiable con el capote, con el que puede mecerse mejor que nadie y a cualquier altura. Muletero seguro, de inspiración fácil, muy elocuente, empastado, pinturero, lindamente denso e irregular también. Y, encima, sucede que a Morante no le cuadra el toro de talla especial, como suele ser el de Bilbao y como lo será, sin duda, esta vez y en esta feria que tanto ha contado con él. Con Morante. Por y para él ha venido la corrida de Moisés Fraile, que tal vez sea dentro de la baraja de la semana la que mejor le cuadre. Mejor que Zalduendo o que Alcurrucén o que Domecq. Si a Morante le hubiera cuadrado otro toro mejor que el de Moisés, lo habría elegido y se habría tenido en cuenta su capricho. Eso no se sabe de cierto, porque será parte de la trama secreta con que se urde una feria del rango de la de Bilbao. Pero se puede dar por descontado.

Ahora tiene la palabra Morante, que es el torero al que más se espera este año en Bilbao. Si el ya célebre Alejandro Talavante se hubiera decidido a aceptar la oferta en blanco de la Junta de Vista Alegre y Pablo Chopera, pues entonces ese lugar de honor tan comprometido habría cambiado de nombre. Así que todas las palomas se van a quedar en el sombrero de Morante. Y el año que viene se verá. Y antes todavía habrá que ver en qué queda otro muy atractivo negocio, que es la despedida de novillero de Cayetano como único espada el próximo 3 de septiembre en Bilbao. La apuesta es un acontecimiento. O debería serlo. Pero en el bloque de las Corridas Generales no casaba una novillada. La gracia de ésta tan extraordinaria, y por tanto no general, es que venga cargada de tanta metralla: los seis novillos, la despedida, el reto con todo lo que hay y de Cayetano consigo mismo tan a solas. Está despejada la mayor incógnita, y es que Cayetano es también torero en manos de la musa.



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