De verdad ha pasado un año? ¿Un año entero, con sus doce meses y sus trescientos o cuatrocientos días, con sus navidades y su Liga de fútbol, con sus chaparrones, sus puentes y sus acontecimientos históricos? Hay que ver qué ritmo, qué eficacia, qué bien funciona esto de la realidad. Lo cierto es que uno no se da ni cuenta. Lo decían los latinos: «El tiempo es un río de sucesos». No, esperen, me refiero a los latinos de antes, ya saben, los del latín. Eso es: precisamente a los latinos que nunca habrían ganado un 'grammy' latino.
Un río de sucesos, ya lo ven. O una ría, que queda más autóctono. El caso es que, sin saber muy bien cómo, estamos aquí de nuevo, a punto de tocar con los nudillos en la puerta de la Semana Grande, en esa puerta colorista y algo desvencijada que tantas veces hemos traspasado y conocemos bien.
En realidad, todas las Semanas Grandes son la misma Semana Grande: nueve días consagrados al nomadismo lúdico y diez noches de pirotecnia y confusos cha-cha-chas. Sin embargo, nunca ha habido dos semanas de fiestas iguales. Cada una presenta sus peculiaridades y nos reserva sus sorpresas, sus pequeños escándalos, sus grandes sucesos. ¿Qué nos depararán estas fiestas? ¿Una huelga de toreros? ¿La irrupción del Gargantúa en El Arenal en plan Godzilla? ¿La definitiva ascensión del botellón a la categoría artística de teatro callejero?
Quién sabe. Aunque quizá podamos hacernos una idea echando un vistazo al programa. Veamos. Toca Turbonegro. El Arenal acoge un nuevo campeonato mundial de marmitako. Una Bertsotrikikalejira, aproximadamente, recorrerá el Casco Viejo. Luis Aguilé y La Orquesta Guateque Band. Concierto sacro flamenco en La Encarnación. Los Hermanos Inconfundibles y su espectáculo de Diábolo Clasic Metal. Los Cinco Bilbaínos, cinco, en La Pérgola
Bueno, no está mal: todo parece lo suficientemente raro. Y no olvidemos que, como cada año, la ciudad sufrirá una transformación de índole conceptual. Ya saben, ese extraño prodigio que hace que, mientras los hoteles nos facilitan la ilusión de que vivimos en una Marienbad urgente y portátil, el parque de Etxebarria se transforme en una Las Vegas vagamente mexicana, con sus luces de todo a cien y su olor a sidra y pollo asado.
Pero basta ya de teorías más o menos festivas. Ha llegado el momento de prepararse para lo que se nos viene encima. Les dejo. Necesito un detallado programa de fiestas. Necesito un mapa con la ubicación de las txosnas. Necesito una copa de precalentamiento, y grandes dosis de sugestión, y que alguien me recuerde cómo era la coreografía de ese tema que hablaba de un 'venao' llamado Papichulo que sufría, pobre criatura, ataques de gota fría y bilirrubina.