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Sábado, 19 de agosto de 2006
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DE CUANDO EN CUANDO
Codornices
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OLMO En esa columna semanal sobre temas cinegéticos que se publica en nuestro común periodico, firmada por el señor Sarasketa, pude leer el pasado sábado un comentario sobre las codornices, que a mí, totalmente lego en estas cuestiones, me ha resuelto un dilema que me tenía intrigado y que se refiere precisamente a los éxodos migratorios de estas gallináceas.

Decía el señor Sarasketa lo siguiente: «El 7 de septiembre, luna llena, muchas codornices se agruparan en las parameras castellanas. Aprovechando la luz de la luna e impulsadas por un viento favorable, remontarán el vuelo hacia África. Otras, las que subieron hasta centro Europa, volverán. Si durante el viaje cambia el viento o se oculta la luna, los bandos bajarán a tierra».

Ahora explico las noticias que copié de un periodico fechado hace mas de un siglo, según el cual un sereno de aquel Bilbao, llegó a cazar una codorniz en la calle de la Esperanza y otras aves terminaron su viaje en el Gran Casino de San Sebastián. Las dos noticias, decían así:

«Un sereno cazó ayer una codorniz en la calle de la Esperanza y otra fue cazada en el Ensanche. Se supone que se trata de aves de emigración que fueron atraídas por las luces de la población». «La terraza del Gran Casino convertida en coto de caza. Pasaban bandadas de codornices dando chillidos estrepitosos como si huyeran de un temporal y tan azoradas iban las pobres avecillas, que muchas de ellas chocaron en su vuelo contra la fachada del Casino cayendo a la terraza donde las cazaron los mozos del restaurante y los porteros».

Estas noticias me sonaban a cuentos del abuelo, pero después de leer el comentario del señor Sarasketa, veo que son perfectamente lógicas. Sin duda, aquella noche se ocultó la luna, cambió el viento, las bandadas bajaron a tierra cuando volaban sobre Bilbao y San Sebastián, y las luces de las ciudades hicieron que algunas terminasen en la cazuela de un sereno bilbaíno y de los mozos y porteros del Gran Casino donostiarra.

Y yo ahora me pregunto: ¿Por qué no se ha vuelto a repetir la noticia de esa caza urbana de codornices? Porque si suponemos que estas codornices siguen emigrando como siempre, la única explicación que se me ocurre es que, por mucha luz nocturna que ofrezcan los núcleos urbanos, el olor a tubos de escape las ahuyenta. No me extraña nada. La pena es que los seres humanos no tengamos alas para poder hacer lo mismo.



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