Rodeada de un ruido casi ensordecedor, a la popular Marisa Benito en la exitosa serie de televisión "Aquí no hay quien viva" le resultó casi imposible hacerse entender, pero lo consiguió por unos instantes con ese peculiar lenguaje que la hace especialmente reconocible.
"Que lo paséis de puta madre", conminó a los centenares personas que la escuchaban y que, por su reacción, parecieron totalmente dispuestas a hacerla caso. "Mariví, Martiví, Mariví", gritaba una multitud que cada año parece ganar más adeptos.
Tan dispuesta estaba la gente a seguir las recomendaciones de Bilbao-Goyoaga que el acto resultó más limpio que en ediciones anteriores, aunque esa especia de barrillo blanco que se forma al unirse el champán, con la harina y los huevos no dejó de volver a estar presente.
Quizás el momento más emotivo del pregón fue cuando Mariví recordó a su marido, Javier Urquijo, polifacético artista fallecido hace unos años. "El hizo mucho por el nuevo Bilbao", dijo su esposa sin dejarse llevar mucho por el recuerdo y dispuesta a no perder el aire festivo del momento.
"Gora Marijaia", "Gora Aste Nagusia", dijo después entre la algarabía del personal, decidido a empezar "desde ya" con la fiesta en un escenario al que daban color decenas banderas (ikurriñas y de muchos otros tipos), las tiras verticales que caían desde la balconada del Arriaga, pancartas reivindicativas (que pedían, entre otras cosas, la autodeterminación y una Euskal Herria socialista y republicana) y los pañuelos azules propios de la Aste Nagusia anudados a los cuellos de la gente.