De existir el antiguo documento nacional de identidad, el de Salvador Cortés, además del nombre de sus progenitores y su fecha de nacimiento, mostraría su condición profesional: matador de toros. Pocos diestros de la actualidad, me sobran los dedos de una mano, ejecutan la suerte suprema con tanta verdad. Por caer en el tópico: recto como una vela. Otro más: como un cañón. Me encanta. Puede que algún 'purista' se refiera a los tres tiempos de la suerte, la de matar, y un servidor le responderá que bien, gracias.
Claros y nubes en el cielo bilbaíno. Una tarde agradable de no ser un aire molesto y porque entre dimes y diretes el festejo rozó las tres horas de duración. Ya es decir. No dudo que perdidos entre los tendidos de Vista Alegre hubo contados aficionados que discutieron la colocación del acero. Personalmente olvidé el escalímetro en casa. Vamos, que al margen de centímetros, los hombres tenemos la fea costumbre de exagerar, las dos estocadas con las que Salvador Cortés pasaportó a los toros de su lote fueron un primor de autenticidad, de convencimiento, de infalibilidad. Por sí mismas valieron una oreja, aunque en la segunda ocasión el público no estuvo tan receptivo. ¿Qué pronto nos acostumbramos a lo bueno!.
Al margen de cantar las excelencias en el manejo de la espada, el diestro sevillano se llevó el lote. Por hechuras y comportamiento. Me pregunto quiénes fueron los responsables que representaron a Matías Tejela y Miguel Ángel Perera en el apartado, sorteo y enchiqueramiento de las reses. Se cubrieron de gloria. El tercer ejemplar en el orden de lidia, largo y vareado, blando de manos y cuartos traseros, propició un auténtico desbarajuste durante su lidia. Aún no entiendo la razón. El astado, noble y manejable, tuvo como principales defectos la falta de fuerzas y una impertinente falta de entrega. El trasteo de Cortés nadó entre dos aguas: tan pronto retrasó el engaño y esperó al toro con la muleta colocada en la cadera, como adelantó la franela para echar los vuelos al hocico de su oponente. Hubo momentos en los que se cruzó al pitón contrario, se metió en harina, y otros en los que se quedó al hilo del pitón, incluso fuera de cacho. ¿Qué feo suena!. Tan pronto tocó los engaños con sutileza, como embruteció al animal con violentos cites. Y todo ello cuando el animal únicamente pidió que le ayudaran, que le mostraran la muleta y que la tocaran con despaciosidad. No siempre fue así pero cuando obró el milagro, los muletazos tuvieron empaque.
El toro que cerró festejo, buen toro, el prototipo del toro de Bilbao con hermosas hechuras, nunca quiso que le subieran los engaños. Tanto capotes como muletas. Cortés insistió en conducirlo en la media altura y el trasteo terminó diluyéndose por su evidente falta de acoplamiento. Ligero de pies, descolocado y falto de ritmo, el diestro sevillano terminó tirando de fuegos de artificio. Que si un pase cambiado. Que si toreo a pies juntos. Que si No me acuerdo.
Abrió terna Matías Tejela que dispuso de un primer toro justito de raza, manejable, noble, blando y sin chispa. Sosito. Dijo muy poco. El trasteo del torero de Alcalá de Henares impregnó el coso bilbaíno de aromas añejos. Construyó una faena de magnífico planteamiento, bien estructurada. Con sus justas pausas. En un principio queriendo asentar al toro. Más tarde sometiéndolo y toreando con profundidad, sobre todo por el pitón izquierdo. Tejela rebozó la muleta de arena y se enroscó al toro por naturales de templado y hermoso trazo. Dos series de toreo clásico, del de toda la vida, del que nunca pasará de moda. Siempre con el toro embarcado en la muleta, el diestro también obligó al toro a perseguir el engaño por el lado derecho. De no ser por su desacierto con el descabello, necesitó de tres golpes, hubiera paseado una segura oreja y de peso. Frente a su segundo, un toro de gran condición, muy bravo en el caballo, justo de fuerzas y que terminó apagándose con nobleza, como todos los toros bravos, Tejela volvió a ofrecernos su mejor cara. Puede que aún no sea figura, pero ayer en Bilbao estuvo en figura. Que es parecido pero distinto. De entre sus muchos aciertos técnicos -atacó en su justo momento, esperó con la muleta retrasada - quisiera destacar dos derechazos de despaciosa ejecución, casi a cámara lenta. ¿Qué manera de torear!.
Si hubo un diestro malparado en el sorteo matutino ese fue Miguel Ángel Perera. El primer toro de su lote, corto de cuello y altito de agujas, embistió con los pechos, intentó anticiparse a las acciones del diestro extremeño y volvió el cuello con aspereza y genio. Del malo. Perera aguantó estoicamente los gañafones y cuando pudo tiró de los arreones sin dejarse enganchar la muleta. Faena de gran merito. Frente al quinto, un sobrero bis de Andoni Rekagorri, manso, reservón y peligroso, Perera no volvió la cara al duro compromiso. Responsabilizado y consciente de pisar uno de los ruedos más importantes del orbe taurino, Miguel Ángel anduvo valiente, resuelto y muy bien colocado. Para asombro de propios y extraños logró robar naturales sueltos de excelente trazo. Notable.