El Ayuntamiento de Bilbao está llevando a cabo una de las mayores renovaciones de su mobiliario urbano. En lo que va de año, sólo en farolas y bancos el área de Obras y Servicios ha gastado más de 300.000 euros en la compra de 160 puntos luminosos y 547 bancos.
El Consistorio debe 'rascarse el bolsillo' para pagar los 1.600 euros que cuesta cada una de las farolas que ilumina las noches bilbaínas, cinco veces el precio de un banco, que sale por 320 euros. Más llamativos son, sin embargo, los 268.353 euros que se destinan sólo este año a la instalación y mantenimiento de los nuevos puntos de luz. Pero no acaba ahí el gasto. Al desembolso anterior hay que seguir sumando ceros: el presupuesto destinado a la renovación de bancos ronda los 50.000 euros. Estas cifras se adecúan, no sólo a la variedad de modelos, sino también a la cantidad. En total 31.200 soportes de alumbrado público y casi 9.000 bancos componen el equipamiento urbano más sugerente de la capital vizcaína.
Cualquier viandante que levante la vista del suelo puede fijarse en la diversidad de farolas alineadas que iluminan la ciudad o preguntarse el motivo por el que se suceden en una misma avenida lámparas que proyectan luces de colores diferentes. Esto se debe, según explican desde el área de Obras y Servicios de Bilbao, «a la necesidad de un tipo de iluminación para los peatones distinta a la de la calzada, debido a la visibilidad que aporta cada farola y a las características lumínicas que tiene cada lámpara». En las alamedas o paseos suele haber un foco de luz blanca dirigida a los peatones y otro que ilumina los vehículos con un haz de luz amarilla.
Iluminación de parques
En el alumbrado de parques y jardines se utiliza un criterio más visual, basado en la utilización de tonalidades de luz blanca para realzar tanto el cromatismo de las hojas y los detalles de las plantas, como la singularidad de determinados rincones de la villa». A la hora de instalar una farola, «la estética es importante pero también lo es que disponga de las mejores prestaciones lumínicas, eléctricas y mecánicas», añadió el responsable municipal.
En cuanto a la diversidad de modelos, los puntos de luz que custodian desde las alturas las calles de la ciudad bailan de lo clásico a lo vanguardista. Desde el Puente de El Arenal se observa cómo conviven las elegantes farolas del Arriaga con las esculturales 'jirafas' del Paseo de Uribitarte. Las desavenencias alcanzan su máxima expresión en los jardines del Museo de Bellas Artes, con el 'Bosque de Farolas' de Juan Luis Moraza. Lejos de alcanzar la categoría de obra artística, las 'y' del Palacio Euskalduna o las 'polémicas' farolas de la Plaza Indautxu, constituyen una gran 'selva de luz' donde lo 'original' y lo 'atrevido' compiten por alcanzar un equilibrio que defina su estilo.
Farolas con 100 años
El soporte de las farolas es de fundición en honor al pasado industrial de la ciudad. «El objetivo es potenciar la materia prima de la tierra. Por este motivo, se están recuperando modelos de hace más de 100 años», revelan desde el Consistorio. Esta pauta se sigue también con las patas de los bancos, elaboradas en hierro. Más de diez modelos de puntos de luz y el 93% de los bancos que hay en la ciudad utilizan como soporte este material porque, además, aporta una mayor elasticidad y soporta mejor las agresiones de agentes externos, como la lluvia y los golpes. En ambos casos, «se juega con la diversidad pero evitando que se encarezca el mantenimiento».
Remodelaciones urbanísticas como la de la Plaza de Indautxu han reabierto el debate entre algunos urbanistas de Bilbao que critican «el derroche» en las 'polémicas' farolas instaladas en la plaza. En su opinión, el concepto de mobiliario urbano «debe huir de la abundancia de modelos sin criterio y encontrar una imagen que transmita la verdadera identidad de la ciudad».