Probablemente, la última galerna les arrastró hasta la ría de Bilbao, procedente de los humedales de Baiona o de un parque como el de Laukariz. Y les debe de haber gustado porque llevan ya varias semanas asentados en la curva de Elorrieta. Los visitantes son cuatro cisnes europeos, mudos o vulgares, que se distinguen de otras especies como el cantor o el chico en que no emiten sonidos. «Hay dos machos y dos hembras», aventuran los curiosos. Su feliz existencia en la tranquila, aunque un poco turbia ría del Nervión, se ha visto alterada en los últimos días por un accidente, que dejó herida a una de las aves.
El animal lleva clavado en la cabeza un anzuelo cuyo sedal se le ha enredado en un ala. «El pobre va doblado y no puede ni comer; da pena», describe Mari José Melendo, una vecina de San Ignacio a quien se le encogió el corazón el pasado sábado al ver a aquel «pobre pato», como se le escapa llamarle. Ella y su novio, Joseba, llamaron a la Policía Municipal de Bilbao, a los Bomneros, a asociaciones protectoras, al centro para especies protegidas de Gorliz. «Hemos llamado a catorce sitios y se pasan la pelota unos a otros. No parece un ser vivo», se lamenta Mari José.
Pan y galletas
El ornitólogo Gorka Ocio cree que si no fuera porque la gente les da de comer, por sí mismos no podrían sobrevivir en la ría y «acabarían marchándose». «Se alimentan de plantas acuáticas, pacen igual que las vacas», explica. «Se nota que están acostumbrados al trato con personas, comen pan y galletas».
Los Bomberos de Bilbao han intentado atrapar al cisne en varias ocasiones desde el sábado, aunque sin éxito. En cuanto se aproximan a él con una zodiac, el cisne sale volando. «Habrá alguna forma de cogerle, con una red, un dardo. Algo se podrá hacer, ¿no?, sino va a morir desangrado o de hambre», clama Mari José. Gorka Ocio, sin embargo, considera que habría que valorar el caso antes de actuar. «Igual cogerlo supondría hacerle más daño. Yo he visto cormoranes que han pasado todo un invierno con un anzuelo enganchado». Antes de intervenir, el ornitólogo advierte de que se trata de aves «con mucha fuerza, de un picotazo o un aletazo pueden hacer daño a un hombre».
Los vecinos de Elorrieta se han acostumbrado a la bucólica estampa -«van siempre juntos»- y temen perderla. «Toda la vida hemos tenido la ría llena de basura y, de repente, aparecen cuatro cisnes. Habrá que cuidarlos, digo yo», se anima Joseba.