OLMO En el argot de la fiesta taurina hay una serie de denominaciones muy conocidas y populares, pero hay otras que pueden considerarse como desconocidas, incluso para algunos aficionados, porque se trata de nombres que se utilizan muy poco o nada, pero que existen y ahí está el diccionario de la RAE para dar fe de ello.
¿Sabía usted amigo lector, que en las plazas (durante corrida se entiende) hay chulos, piconeros y enterradores? Pues los hay y aquí les ofrezco la prueba tal como la copio del diccionario sin quitar ni poner punto ni coma. Copiemos.
El chulo lo encontramos en la séptima acepción del vocablo que dice así: «Chulo. -7. m. Hombre que en las fiestas de toros asiste a los lidiadores y les da garrochones, banderillas...».
El piconero lo encontramos en la segunda acepción de dicha palabra que dice sencillamente: «Piconero.- 2.m. Picador de toros». Es este uno de los diversos nombres que identifican a los picadores a los que también puede llamarse varilargueros. Y ya en plan popular, si no me falla la memoria, también se les llama «los del castoreño» (por el sombrero) y «los de aupa». Este último nombre sin duda alude a las veces que antaño salían volando del caballo a cuenta de las embestidas y la ausencia del peto.
Y finalmente tenemos a los enterradores, que son los peones que se encargan de hacer doblar al toro después de la estocada. Lo podemos leer en la segunda acepción de la citada palabra que dice así: «Enterrador 2. Taurom. Peón que, después de haber recibido el toro la estocada, da vueltas a su alrededor y, haciéndole moverse a capotazos, acelera su muerte».
Junto a estos nombres, que sin duda serán desconocidos para muchos, existen otros ya más conocidos entre los que se encuentra el alguacilillo, vocablo que también figura en el diccionario oficial y cuya acepción define exactamente su labor. Leámosla: «Alguacilillo.-Cada uno de los dos alguaciles que en las plazas de toros preceden a la cuadrilla durante el paseo, y uno de los cuales recibe la llave del toril de manos del presidente, y queda luego a sus órdenes durante la corrida».
¿Y por qué he citado concretamente al alguacilillo? Pues porque en mis correrías por los periódicos del Bilbao de antaño, he encontrado un curioso documento referido a la aparición de este personaje en las corridas de toros y a su curioso antecesor. Mañana se lo contaré Deo volente.