Sobre el papel, el 'Réquiem' de Mozart desbordaba interés. En la interpretación no sólo figuraba al frente de la Orquesta de Cadaqués, su gran impulsor, el acreditado director sir Neville Marriner, sino que se contaba con el Orfeón Donostiarra y artistas de la tierra como la soprano Ainhoa Arteta o la mezzo Maite Arruabarrena. La orquesta gerundense había proporcionado una muy bella versión de la obra más interpretada de Arriaga, de manera que se afrontaba la segunda parte con creciente expectativa. Tanto el 'Kyrie' como el 'Dies Irae' del 'Réquiem' resultaron magníficos de poderío. El Orfeón deparaba su brío y homogeneidad, pero al mismo tiempo se vislumbraba un protagonismo demasiado personal. Nos parece que la obra de Mozart no requiere tanto individualismo y el Orfeón lo tuvo. Tan sólo la soprano Arteta pudo seguir la pauta de fuerza y volumen que impuso el Orfeón. En cambio, en el 'Recordare' y en otros números sucesivos, la bella y suave voz de la mezzo Arruabarrena quedó apagada. La obra de Mozart no contiene arias, el coro lleva la mayor parte del peso de la obra y, si su participación se hace muy notoria o contundente, se cae en un protagonismo que ni la orquesta ni los cantantes participan de él. Con todo, hubo cantantes de lujo, una orquesta magnífica y un coro protagonista.