Poco había que cortar la noche del lunes en Bilbao. Carlos Jean en Uribitarte nos provocaba pavor y en Botica Vieja se lo montarían Pereza, a los que ya hemos visto con su exitoso disco en el Kafe Antzokia. Propuso Pato, asesor sin ánimo de lucro de esta página: «Manda a un infiltrado y que te cuente un par de detalles. Como ya los has visto, te los imaginas con más gente y ya vale». En efecto, se podría hacer, pero no es plan.
Bueno, dejemos el autobombo y el ombliguismo. El lunes apostamos por la Sonora Latina y acudimos a la Plaza Nueva prevenidos por las sensaciones -definidas como «asquerosas» por una chica sensible- que sufrimos el sábado en La Negra: tufo a pis, riadas de lo mismo (y nosotros con sandalias surferas), cuadrillas de chavales bajo los pórticos sentados alrededor de las bolsas del botellón...
A Dios gracias, el lunes se concentraron menos multitudes y eso se notó en la Plaza Nueva no sólo por el olor, los charcos y el murmullo. Lo que nos sorprendió fue que el público desertara desde tan pronto y en tamañas cantidades. Oficiaba la orquesta La Sonora Latina, venida no de Puerto Rico, como engañosamente se propaga por ahí, sino de Valencia, aunque entre sus trece miembros (cinco metales, tres percusiones, bajo, teclas y tres vocalistas) militaban músicos de Cuba, Panamá, Venezuela y Argentina.
Un bolero «tremendo»
La banda abrió con un primoroso 'Santa Lucía' de Miguel Ríos llevado a su terreno y reveló estar puesta en el género al tributar el 'Cantante de cartel' de Gilberto Santa Rosa, figura salsera actual catada en salas de Bilbao. Para entonces, la orquesta mediterránea ya había mostrado sus cartas: arreglos canónicos de metales, mágica función del pianista al mantener las vaharadas boogaloo y tres cantantes con voz grave que se atoraban en las improvisaciones (¿uno era cubano!) y no dejaban de mirar los atriles (si llevan veinte años, podrían haberse aprendido las canciones, ¿no?).
«¿Sigo viendo mucha gente sentada!», azuzó el líder, seguramente sin imaginar que al poco las sillas estarían casi vacías porque el respetable se iba largando, y atacaron un bolero «tremendo» (el calificativo preferido del líder) acrecentado con la seguridad en sí mismos de Los Van Van.
La cosa molaba y los bailadores, muchos de los cuales también se habían dejado ver en Uribitarte con el Septeto Santiaguero, se agolpaban en pie en varguardia, evolucionando al son de los valencianos, que interpretaron 'Pero tengo swing' antes de coronarse como «el último bastión de la salsa en España».
'Dormir contigo' sonó a Gato Pérez, 'Veneno' restalló ambiciosa como 'Ven devórame otra vez' de Lalo Rodríguez (aquí las invocaciones, no tan zalameras como las de los profesionales tropicales, propalaron: «Las chicas de Bilbao son las chicas con más swing de toda España»), 'Soñando con Puerto Rico' fue bolero, el chachachá 'Yo ya sé' sirvió para recordar a Ismael Rivera y el «tremendo tango» de Gardel 'Melodía de arrabal' llegó vía Celia Cruz.
El líder presentó al estreno de la noche, la corista Sara Riera, y ésta mantuvo el tipo sin quitar ojo del atril en 'Chamaquito ven'. 'Quizá, quizá, quizá' de Nat King Cole quedó efectista por huir del original, pero se recuperaron al final, encadenando «el lema de nuestras noches de salsa y rumba, 'No te quedes sin bailar'», un fiel 'Brujería' de El Gran Combo de Puerto Rico, los ritmos afros de una plena (un ritmo dominicano) con más referencias de Gilberto Santa Rosa y el bis «imprevisto», otra vez 'Veneno'.