Ainhoa Arteta, quien ya había sido dirigida por sir Neville Marriner en música de Arriaga, emocionó trasladándonos a la esencia del arte lírico francés del siglo XIX. Voz con fuerza, delicada en la dicción, clara y decidida en toda la tesitura, interiorizó en el sentido del texto de Vinaty para la cantata Herminia. Sobre todo la soprano exhibe una bella vocalidad para dar a cada nota su pura sonoridad, mostrando la nobleza de una partitura preciosa en su carácter lírico. Un gran Arriaga; una cantante mimando su música y un director que, con la mayor elegancia, traduce la estupenda partitura.
Sir Neville Marriner, maestro que no es la primera vez que dirige música de Arriaga, lo hace con tal propiedad que deja clara su dimensión de artista que profundiza en la esencia de aquello que interpreta. Cuenta, en este caso, con una orquesta que conoce bien y la hace caminar por los mejores caminos expresivos.
¿Qué gran versión el fragmento tocado fuera de programa! En la sinfonía de Mozart se observó claridad absoluta hasta llegar al preciosismo. Fue un acierto de purísima expresividad mozartiana. Belleza de sonido, transparencia instrumental y buen estilo del clasicismo. Conseguirlo con una partitura tantas veces machacada como la sinfonía n º 40 de Mozart es todo un deleite.