El Correo Digital
Sábado, 26 de agosto de 2006
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VIZCAYA
FERNANDO CRUZ TORERO POR VIZCAÍNAS
«Ni se me pasaba por la cabeza torear en Vista Alegre»
El triunfo en San Isidro le dio «la vida», pero no se ve como la revelación de la temporada: «Me queda todo por hacer»
«Ni se me pasaba por la  cabeza torear en Vista Alegre»
FINAL DE FAENA. Fernando Cruz saca el estoque a un toro con la cruceta de descabellar en la plaza de Azpeitia. / FÉLIX MORQUECHO
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TAUROTEST
¿Una superstición? No dejar la montera sobre la cama.

¿Una suerte del toreo que nunca ha interpretado? El salto de la garrocha.

¿Su terno preferido? Canela y azabache.

¿Una década del toreo? Los 80.

¿El último revolucionario del toreo? José Tomás.

¿A qué tiene miedo? A no conseguir mis objetivos.

¿El peor momento de un día de corrida? Cuando no te entiendes con el toro.

¿Qué come un día de corrida? Fruta.

¿Por qué matar a los toros? Eso digo yo... ¿así no los pincharía!

¿Una crónica que enmarcó? Ninguna. Sólo he enmarcado las dos portadas que protagonicé en la revista '6Toros6'.

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Fernando Cruz no es tan menudo y frágil como aparenta en el ruedo. Marcado por una lesión crónica que le afecta al cuello y los hombros, el diestro madrileño, triunfador de San Isidro y San Fermín, se presenta esta tarde en Vista Alegre. La suerte y una carrera en franca progresión le han convertido en una de las revelaciones de este año. De tauromaquia clásica y ortodoxa, Fernando apechuga con los encierros de las divisas toristas, la cruz del escalafón de matadores.

-Pese a sus éxitos novilleriles en Las Ventas, debió forjarse como torero en Francia. ¿Por qué?

-Tampoco yo lo he entendido nunca. Triunfé en Las Ventas y en muchas plazas de la sierra de Madrid, pero no tuvo mayor repercusión. Quizás no se gestionó bien mi carrera. Estoy muy agradecido a mis primeros apoderados, pero igual no tenían la suficiente fuerza en los despachos. Faltaron contactos.

-Antes de San Isidro, ya apuntó que la campaña de 2006 no era una más.

-Era consciente de que se trataba de un año clave en mi carrera profesional. No te puedes imaginar lo duro que fue el invierno, a nivel físico y psicológico...

-¿Qué pasó?

-Arrastro desde hace dos años y medio una lesión crónica en el cuello y los hombros. En invierno pensaba recuperarme y pasó todo lo contrario, por culpa de unos ejercicios de rehabilitación mal hechos por mi parte. ¿Ni siquiera podía tragar líquidos! Además, todo se complicó con una lesión en las plantas de los pies: después de dos tandas, no podía mantenerme en pie. Al verme tan mermado, me vine un poco abajo, pero he salido del pozo.

-¿Es cierto que cada semana debe acudir al fisioterapeuta?

-Sí, sí. ¿Ahora mismo salgo de una farmacia! Cada semana voy dos o tres veces al 'fisio' para que me suelte la espalda. Me pincha por todos los lados: las plantas de los pies, el cuello, la espalda... Sin él no podría echar adelante la temporada.

-¿No teme transmitir una imagen de 'pupas'?

-Soy un hombre sincero, no me puedo engañar ni a mí, ni a nadie. Tengo problemas físicos y muchas dudas, ¿y qué? Sufrí un percance muy serio, llevo arrastrando graves problemas físicos desde entonces y punto. Yo no pregono mis problemas, vosotros me preguntáis.

-¿Qué supuso la oreja que cortó al toro de Araúz de Robles en la pasada feria de San Isidro?

-Coger la oreja me dio vida, ¿la vida! Yo sabía que triunfar en San Isidro era fundamental, porque prácticamente no tenía más corridas hechas. No podía pasar una temporada como las dos anteriores, toreando poco y de cuando en cuando. Aquel día tenía que hacer un esfuerzo adicional, saliera lo que saliera por chiqueros. Gracias a aquella oreja puedo torear hoy en Bilbao, porque al comienzo de temporada ni se me pasaba por la cabeza torear en Vista Alegre.

-¿Usted es el torero revelación de la temporada?

-¿Yo? ¿No! Revelación pueden ser Alejandro Talavante o Salvador Cortés. Yo sé lo que llevo toreado y seguro que es muchísimo menos que estos compañeros. Además, hay que fijarse en el tipo de corridas que estamos matando unos y otros.

-Dice que quiere ser distinto al resto. ¿Qué aporta a la tauromaquia?

-Me queda muchísimo por mejorar y pulir. En el trabajo, soy un tío humilde. Lo que quiero aportar a la fiesta es personalidad: me gusta el romanticismo de antaño y trato de recuperarlo en la plaza y fuera de ella.

-Le han perseguido las dudas y los altibajos emocionales. ¿Por fin cree a pies juntillas en sus posibilidades?

-Ja, ja... Bueno, todavía no del todo. Sigo en la tesitura de ser o no ser. Todos los toreros tenemos dudas, de los titubeos no se escapa nadie, ¿ni la mayor figura que haya existido! Pero es cierto que, por mi carácter y mi personalidad, por mis anhelos, igual necesito una mayor rotundidad de mis éxitos. Necesito un triunfo apoteósico que me haga sentirme importante.

Salir del torismo

-¿Se siente capaz de saltar de las corridas toristas a las comerciales?

-Es lo que pretendo. Para qué engañarnos, ¿me quita el sueño, ja, ja! De estas corridas hay que sacar lo positivo: te dan madurez, oficio, capacidad técnica... Pero en mi mente está salir lo más rápido posible, porque no van con mi toreo.

-Pese a lidiar encierros toristas, su concepto ortodoxo y clásico no ha variado...

-Tengo que estar alerta. En cuanto un toro se medio deje, no se me puede escapar, tengo que hacerle el toreo puro, profundo... Algún día, como les pasó a los maestros Ortega Cano, Roberto Domínguez o al propio 'Cid', saldré de estas corridas y demostraré que sé torear.

-La pasada temporada, los toros le castigaron muy duro. ¿Se ha detenido a analizar las razones?

-Seguramente, falta de oficio. En otras ocasiones, el deseo de triunfo es tan grande que atropellas la razón. En gran parte de los percances, salí a arrollar y el que salió arrollado fui yo. Quise imponer mi toreo a toros que exigen otra tauromaquia. Me pudieron las ansias.

-Los triunfos en Madrid -Las Ventas y el palacio Vistalegre-, Pamplona y Santander no le han subido los humos...

-Para ser figura, hay que mantener los pies en el suelo. Me queda todo por hacer y los triunfos no me han liberado de mis miedos.

-¿Qué recuerdos guarda de la Escuela Taurina de Madrid?

-No muy buenos. Lo mejor, mis compañeros. En siete años maté seis becerros y me dieron muy poquitos tentaderos. Lo mejor es que allí hice una gran amistad con Uceda Leal, que es como un hermano, con Sánchez Vara, con Luis Miguel Encabo... Y maduré.

-De adolescente, padeció anorexia.

-Tenía 14 añitos. Desde los 10, tuve claro que quería ser torero pero no quise abandonar los estudios. Me esforcé muchísimo y no me sentía correspondido, así que empecé a dejarme llevar, a no comer, a exigirme... La obsesión se convirtió en enfermedad y fueron tres años muy duros, aunque la pasión por los toros me ayudó a salir adelante.



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