Indiferente a las miradas, Marina acaricia el mentón de su marido mientras ojea su colección de joyas y complementos. Sólo hay que verla cómo se le cae la baba con su Palomo, pero todo tiene un límite. En joyas lo máximo que le pone encima son gemelos, por mucho que se empeñe en equiparar «el diseño de joyas con el amor».
-Curioso paralelismo.
-Esta afición me llegó cuando menos te lo esperas. Dices: 'Bueno, no sé cuánto va a durar, pero le voy a poner, como en el amor, todo mi empeño'. Llevo nueve años. Lo mío con las piedras fue un flechazo.
-¿Hay que esmerarse mucho?
-Es, sobre todo, una cuestión de inspiración. Si se te corta, estás totalmente perdida. ¿Ah! Es muy importante crear y no copiar a nadie. ¿Que salga de dentro de uno!
-Todo muy espiritual.
-Mis piedras incorporan algo de magia. Es un mundo que entierra mucha espiritualidad. ¿Remontémonos a las viejas civilizaciones!
-¿Para qué tanto?
-Todos los grandes sacerdotes ya utilizaban piedras preciosas y el anillo del obispo siempre llevaba una amatista. Espiritualidad, poder... ¿Aún no he enjoyado a ningún obispo!
-¿Y Marina es una joya?
-Lo más importante es que fuera una joya para mi familia.
-¿Y lo es?
-Hombre, se lo demuestro.
-¿De qué tipo?
-Sería una aguamarina: transparente, con el azul del cielo y del mar, y porque me siento muy feliz con mi nombre.
-Enjoyada, ¿una mujer brilla más?
-Y resulta mucho más armónica.
-En sus orígenes, ¿fue un diamante en bruto?
-¿Ay, qué pregunta! Nunca me lo habían dicho. ¿A qué se refiere?
-Que si tardaron en pulirla.
-¿Ya está bastante pulida! (contesta su marido, el ex torero Palomo Linares). ¿Qué contesto a esto? No me creo ni más ni menos buena, pero sí una mujer de buenos sentimientos. No sé si llevo un camino recto, pero es el que me sale del corazón. Las piedras me ayudan. Son entidades vivas.
-¿Qué vibraciones transmiten?
-¿Seguridad y mucha felicidad! Una aguamarina ayuda a la comunicación. Me protege...
-¿De qué?
-Me cuida la nariz y la garganta. Estas piedras sanan. Creo en sus poderes.
-Y disparan la vanidad.
-¿Nooo! ¿En qué sentido?
-Las joyas son estiradas.
-¿Depende de su diseño y cómo las lleves! Nos iluminan y armonizan. Nunca olvide esto: las joyas hay que llevarlas con respeto y tratarlas bien.
-¿Pues buenas son ellas!
-Es como todo en la vida: hay que cuidarlas y mimarlas para que duren. Atraen sabiduría y pasión y me dan fuerza.
-¿Le ponen como una moto?
-¿Como una moto nunca! Ir llena de joyas, no es lo más ético. No creo que nadie vaya como un árbol de Navidad. Como una moto no te pueden poner. ¿Al contrario! Te aportan serenidad y equilibrio.
-¿Quién le aporta más, las joyas o Palomo, su marido?
-El oro también equilibra, pero mi esposo es el complemento ideal.
-¿En busca del brillo más caro?
-El oro es la fuerza del sol.
-¿Echa en falta los trajes de luces?
-No me haga preguntas de toros, por favoooor. ¿Echarlos de menos? ¿Sebastián! Esa es una pregunta para Sebastián.
-Se ha pasado toda la vida a su sombra. ¿Pretende eclipsarle ahora con sus diseños?
-En absoluto. Somos un matrimonio en el que cada uno aporta su creatividad. Sebastián es un maestro del toreo y yo estoy empezando. Francamente, soy muy modesta. Muy, muy tímida...
-¿Tanto?
-No voy arrollando por la vida ni queriendo ser... ¿Me entiende? Estoy muy segura de lo que hago y sé que gustan mis diseños, pero poco a poco todo se logra en la vida.
-¿Un matrimonio como un diamante es para siempre?
-Ja, ja. ¿Qué bonito! Si se trata con respeto, cuida y se ama, sí.
-¿Qué atan más, sus cadenas o los matrimonios?
-No se trata de 'ataaaaar', ¿eh? Atar es una palabra horrible. La borraría del diccionario. ¿Atar? Al contrario. Yo me paso todo el día desatando, desatando, desatando... No hay que atar nada en la vida.
-Tía de Mónica Escolar, candidata a Miss Mundo, ¿los Danko llevan inserto el gen de la belleza?
-Unos nacen más agraciados que otros, pero para todo hay remedio en la vida. Para eso está la personalidad.
-Pero una cara guapa...
-La personalidad es más atractiva que la propia belleza.
-¿Por qué no adorna al hombre?
-Hoy en día van un poco más modernos, como las mujeres. Pero en plan de piedras tampoco se puede hacer mucho.
-¿Se siente a gusto sabiéndose observada?
-¿Hummmm! Si le soy sincera, no reparo mucho en ello. Aunque agradezco de corazón que la gente se acerque a saludarme. Bonita señal de que caes bien.
-¿Le preocupa?
-Es de las cosas que más me llenan.
-¿Torea bien a los cuatro hombres de la casa?
-Me siento una privilegiada y la reina. Tener cuatro hombres, caray, a tu alrededor y... ¿qué cuatro hombres! Con una personalidad increíble, sus carreras terminadas...
-¿Cómo lleva mamá que Sebastián, su hijo mayor, haya cambiado el despacho en una constructora para tomar el capote?
-Yo ya lo sabía, me lo olía.
-¿Le ha dado el mayor disgusto?
-Mire, es normal. Cuando te casas con un torero y tienes hijos, lo normal es que algún día alguno te salga torero. Eso me lo temía.
-Pero que se le despierte la pasión a los 28 años, ya licenciado en Derecho y Empresas.
-¿Noooo! Lo llevaba de niño.
-¿Dejando un futuro porvenir como ejecutivo?
-¿Eso es lo bonito! La mayor alegría que me ha podido dar mi hijo son sus dos carreras. Siempre les inculqué la educación. Ahora tiene una profesión muy bella aunque muy peligrosa, que es el toreo. ¿Qué debo hacer como madre?
-¿Tirarse de los pelos?
-¿Estar ahí! ¿A-po-yar-le.
-¿Pensó que ganaría en tranquilidad tras dejarlo su otro hijo, el novillero Miguel?
-Ah, mejor que mejor. Ja, ja. El corazón ya no late tanto y sería demasiado tener los tres hijos...
-¿Liderando una dinastía donde el renombre perdura?
-El nombre del padre nunca morirá. Sebastián ha marcado un pagina muy importante en el toreo, mucho más de lo que la gente cree. Es un luchador y viéndolo ahora con mi hijo te das más cuenta del valor y mérito de esta profesión.
-¿Se le cae la baba con él?
-Se me cae la baba con Palomo y los tres hijos. Ja, ja.
-A los Linares-Danko, pareja asidua de los focos de color rosa, ¿le ponen de los hígados el acoso de los paparazzi?
-¿Sabe qué pasa? Nunca hemos tenido un problema.
-¿Les pone siempre una sonrisa en la boca?
-Es que es verdad. Nos respetan. Saben cómo somos.
-¿Nació ya con esa cara de felicidad?
-No. Nací llorando, como todos los bebés. Pero de felicidad.
-¿Le parece surrealista ver pintar asu marido?
-Sebastián me parece... ¿un-ge-ni-o! Me pregunto cómo mezcla esos colores y de dónde saca esa fuerza.
-¿Tiene mejor mano con el pincel que la muleta?
-No es que tenga buena mano. Es un hombre con mucha sensibilidad. Ahí están sus 34 cornadas.