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Lunes, 28 de agosto de 2006
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VIZCAYA
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Marijaia se despide envuelta en fuego hasta el año que viene
La multitud acompañó al icono de las fiestas en el Arriaga. Allí cobró forma a partir de una diva que llegó en grúa
Marijaia se despide envuelta  en fuego hasta el año que viene
COMO UNA DIVA. Marijaia dijo adiós a lo grande. / BORJA AGUDO
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El cansancio propio de nueve días de fiesta no impidió que cientos de personas se citaran ayer en la plaza del Arriaga para despedir a Marijaia. Aunque la juerga hace estragos, la multitud que esperaba desde las 22 horas un espectáculo «lleno de sorpresas» se quedó atónita cuando vio la plaza vacía. Unos miraban el reloj y los más despistados temían haberse confundido de lugar.

Nada indicaba que allí fuese a representarse 'La divadivina', cuando de repente, cuatro actores irrumpieron en el escenario tirando de un autobús con el que dieron una vuelta a la plaza, mientras la gente se miraba desconcertada. La expectación fue máxima cuando lo detuvieron y comenzaron a sacar sillas que llenaron el lugar. Estaban jugando con los espacios, como ya anunció el grupo de teatro bilbaíno Hortzmuga.

En el autobús viajaban los bailarines de la compañía de danza catalana Sol Picó, encargada del espectáculo. Fue su turno y los personajes se sumergieron en una continua búsqueda hasta que llegó la actuación estelar: una diva que, sujetada por una grúa, descendió de las alturas con un traje de diez metros.

Suspendida en el aire, la diva bailó por encima de las cabezas del público esperando hallar un mundo real que la entendiera. Y se encontró con la comprensión de los bilbaínos, que contemplaron sin parpadear la transformación del personaje. El ambiente se oscureció y la diva se convirtió en la protagonista de la noche, Marijaia, ante una multitud entregada a sus pies. Los aplausos parecían dar por concluido el espectáculo, pero las sorpresas no acabaron aquí.

Marijaia en versión saxo

Un vídeo, creación del grupo Hortzmuga, se proyectó sobre la fachada del teatro Arriaga dando un repaso al ambiente de la Aste Nagusia. En él se reflejaron las idas y venidas de la gente más variopinta que ha disfrutado de las fiestas.

Para despedir a la diva como se merecía, el espectáculo terminó con la canción 'Badator Marijaia' adaptada a una versión de saxo, mientras los actores acompañaban a la protagonista a su destino final. El triste adiós dejó un sabor amargo después del gran espectáculo. Eso sí, las cenizas de Marijaia abren un tiempo de descanso que se agradece, con la condición de que se la vuelva a recibir como merece dentro de 356 días. Comienza la cuenta atrás.



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