Subíamos el señor García y un servidor en un ascensor del metro y contemplando una de las placas de acero llenas de rayas hechas con algún objeto punzante nos preguntábamos cuál podría ser la mentalidad del autor de estas inútiles, absurdas y estúpidas acciones al que se le dan diversos calificativos a mi modo de ver injustos. El único que corresponde es el de gamberro.
Si ustedes consultan esta palabra en el diccionario verán que se define como «libertino, disoluto, que comete actos de grosería e incivilidad». Y el señor García considera que debiera existir algún otro calificativo mas rotundo que el de grosero o incivil. ¿Cual sería el adjetivo adecuado a estos irracionales que rompen, dañan o destrozan sin mas satisfacción que la de estropear?
Todavía puedo entender la hazaña de aquel gamberro que encontré una noche en la Casco Viejo dando patadas en las persianas, porque el tío se lo pasaba pipa disfrutando con el estruendo que producían sus coces. Lo que no entiendo es la satisfacción que puede producir rayar cristales o placas de acero, actos que resultan mas difíciles que las coces y no ofrecen ni siquiera la compensación del ruido.
Llamar a estos ejemplares animales me parece un insulto a los seres irracionales que jamas han hecho una sola gamberrada. Llamarles burros o pollinos, lo considero un insulto a los pobres borricos en cuya mente no cabe la tentación de hacer daño sin ton ni son. Calificar a un gamberro como cafre, lo considero también una ofensa para los naturales de Cafreira, una localidad situada en la costa oriental de África del sur, que a lo mejor no han hecho una gamberrada en su vida. Total que nos quedamos donde estábamos, sin saber cómo redondear y dar el énfasis que merecen los actos de gamberrismo.
El gamberrismo es una enfermedad exclusiva de la raza humana. Un animal irracional puede ser hasta bromista (lo cual es un síntoma de inteligencia), pero jamás podrá ser gamberro y a mi me gustaría saber por qué el ser humano -y sobre todo el de género masculino- que se considera muy por encima del animal racional, llega a descender hasta el ínfimo nivel del gamberrismo. ¿En que lóbulo de su cerebro reside el secreto de la gamberrada? Si algún especialista lo sabe y tiene la amabilidad de explicármelo, le quedaría muy agradecido.