Matías González se ha convertido en protagonista de la feria, «involuntario», dice él. El presidente de la plaza -nombrado por el Gobierno vasco y renovado cada año- expuso ayer sus razones frente a quienes le critican su vara de medir y su cicatería para conceder trofeos. Recuerda que la primera oreja es del público, pero que la segunda es cosa suya. Se le ve con anchas espaldas, tras 12 años en el puesto.
-¿No cree que el papel de protagonista debería estar más en el ruedo?
-Dios me libre, yo no tengo ningún afán de protagonismo. Lo que ocurre es que la gente llega a fijarse demasiado en el presidente, que tiene que actuar los nueves días.
-Repasemos sus decisiones más controvertidas. ¿Por qué le negó una oreja al Juli el jueves?
-Observé, bajo mi criterio, que no había una petición mayoritaria, rotunda, para lo que es una figura del toreo. Y tuve en cuenta que mató el toro con un bajonazo.
-¿No corre el riesgo de quedarse desconectado de los tendidos?
-No, porque trato de observar con tranquilidad y abstracción.
-Negó también la segunda oreja a Ponce y Castella, lo que les hubiera permitido salir a hombros. ¿Tan difícil es abrir la puerta grande?
-Bueno, es difícil lógicamente. ¿Por qué se la negué? Porque la estocada no estaba en su sitio, en los dos casos. Estaba desprendida.
-Las pidió hasta el alcalde.
-Como aficionado, tiene todo su derecho. Pero, desde luego, si la espada no está en su sitio yo no concedo la segunda oreja. La suerte de matar es una de las más importantes del toreo y la más difícil. No sólo hay que torear bien, sino que hay que matar bien. Yo, desde luego, no voy a permitir que salga un torero por la puerta grande si ha matado mal.
-¿No cree que elevó demasiado el listón al no conceder la segunda oreja a Castella al inicio de la feria?
-Lo que elevé fue el listón de matar bien a los toros. El público debería saber que si una estocada no está en su sitio, yo no le doy la segunda oreja. Y por suerte, o por desgracia, ésta es a criterio del presidente.
-Parece que hasta los toreros se han quejado, diciendo «qué hay que hacer en Bilbao para triunfar».
-Pues hay que realizar correctamente la lidia del toro, la lidia, completa. Y no sólo se limita a la faena de muleta. Como reflexión general, pienso que se están devaluando los tercios. El toreo de capa, no hay quites, no hay rivalidad. No interesa la suerte de varas, el tercio de banderillas. Con la muleta, lo que hay que pegar es quince muletazos por cada mano, pero con profundidad. ¿Y ahora vamos a devaluar también la suerte de matar?
-Desde 2001 nadie ha salido a hombros. ¿No piensa que una puerta grande en esta feria hubiera promocionado bien la plaza?
-El motivo principal de promoción es lo bien que se intentan hacer las cosas aquí. Los carteles, la elección de ganaderías, la organización, el público de Vista Alegre...
-¿Cómo es el público de Bilbao?
-Es tremendamente educado, muy respetuoso con los toreros, entiende, disfruta. Hay veces que le falta cierta exigencia y rigor para juzgar, y se deja llevar por la pasión del momento. Pero es lógico, es público y paga por divertirse.
-¿Y qué se siente allá arriba, en la presidencia, cuando a uno le abuchean a coro?
-En el momento no se pasa bien. Y si no creyera en los criterios que aplico, lo pasaría mucho peor. Pienso que no se me entiende. Sin criterio estaría pegando bandazos y creando agravios comparativos. Yo, desde luego, no pienso cambiar.
El 'regalo' a Dávila Miura
-Pues dicen que 'regaló' la oreja a Dávila Miura.
-Mire, inmediatamente después de concederla me dí cuenta de que me había equivocado. Lo reconozco, me dejé llevar: había dos toreros en la enfermería, Dávila tenía tres toros por delante, su despedida...
-¿Siente que haya 'una mano' moviéndole el sillón?
-No estoy preocupado. Este año he sentido una presión diferente. Había un interés en que la feria tuviera un resultado explosivo.
-¿Hay algún tapado con ganas de ocupar su sitio?
-Probablemente (risas). Pero no pienso en ello porque no voy a estar aquí eternamente. Yo esto lo hago porque me gusta, por afición... Esto es gratuito. Lo único que se cobra es cuando a uno le dan cera.
-¿Se siente con ánimo para seguir?
-Hay que hacer balance. Pero, no he pensado en dimitir.
-¿Con qué se queda de la feria?
-Ha sido una buena feria, de toros y de toreros. Castella alcanzará puestos muy altos. El Juli, bien. Ponce, su labor plástica. El valor de Fernando Cruz. Y López Chaves ha pegado de los muletazos más importantes. Toreó de verdad. Bien.