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Domingo, 3 de septiembre de 2006
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DE CUANDO EN CUANDO
Algorta
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Como buen bilbaíno, he disfrutado leyendo un pequeño libro titulado 'Textos con pretexto' escrito por el que fue gran poeta y escritor (aparte de ilustre notario y buen amigo) Eusebio Abásolo, ya fallecido, con el que he convivido muchos años en el ilustre y bilbainísimo 'Club Saguzar' al que me honro en pertenecer.

En uno de los capítulos de dicho libro me entero de que Gustavo Adolfo Bécquer, allá por el año 1864, acudió con su familia a tomar los baños de mar en Bilbao y disfrutó durante un mes de los encantos de la playa de Algorta que entonces -limpias aguas y ausencia de muchedumbre- debían ser muchos.

Pues miren ustedes lo que son las casualidades. Porque coincidiendo con la lectura de su libro y de esa cita de Bécquer y de Algorta, me he encontrado en mis correrías de hemeroteca con un amplio artículo firmado por J.A.M. y fechado en el año 1876 (doce años después de la visita de Bécquer) en el que su autor dedica casi dos columnas de 'El Noticiero Bilbaíno' a ensalzar precisamente los encantos de Algorta, que mi buen amigo Abásolo ya insinúa en el capítulo de su libro. Y dedicados a Eusebio Abásolo en su recuerdo vean ustedes como describía los encantos algorteños el firmante del artículo periodístico. Copio:

«He aquí uno de los pueblos que está llamado a ser una de las poblaciones mas importantes de Vizcaya, mirado bajo distintos prismas».

«A orillas del Cantábrico sobre una pequeña altura donde es bañado por las puras brisas del mar y saludado por los aires del interior de nuestra península, extendiendo sus alas por el ángulo formado entre el mar y ría de Bilbao frente a Portugalete, bañado por los rayos solares del mediodía de salida y ocaso del sol. La pequeña y suave pendiente de su situación le hace ser el balcón mas pintoresco, recreativo y encantador que la imaginación pueda idear, ora sea tendiendo la vista por el océano, ora se dirija a la superficie sólida de la tierra, ora se dirija a la inmensa bóveda del espacio. No parece sino que la providencia se ha complacido en esparcir a manos llenas sobre Algorta, para recreo del hombre, y para que este pueda admirar, más y más, los encantos de la naturaleza, la omnipotencia y sabiduría de su autor».

Leído este párrafo me pregunto. ¿Vería todo esto Bécquer cuando estuvo en Algorta de vacaciones?



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