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Jueves, 7 de septiembre de 2006
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CULTURA
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La Mostra rinde homenaje a David Lynch, que regala tres horas de oscuro e hipnótico delirio
El director, premiado con el León de Oro a la carrera, destroza la trama y la lógica en 'Inland Empire' con la sola ayuda de su magnético estilo «El cine es un lenguaje bello como la música, más allá de las palabras», explica
La Mostra rinde homenaje a David Lynch, que regala tres horas de oscuro e hipnótico delirio
HOMENAJEADO. David Lynch recibe el León de Oro tras firmar obras maestras como 'El hombre elefante' y 'Terciopelo azul'. / AP
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DESTELLOS DEL LIDO
Meditación en el lado oscuro. David Lynch es un fanático, si se puede decir así, de la meditación trascendental, que descubrió por su hermana en 1972, y del santón indio Maharishi Mahesh Yoga. La practica dos veces todos los días. Aprovechando su viaje a Italia va a dar una serie de conferencias en Roma y Milán para dar a conocer las becas de la Fundación David Lynch para la Instrucción Basada sobre la Conciencia y para la Paz en el Mundo. ¿Alguien lo diría viendo sus películas?

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El director norteamericano David Lynch, que no ha hecho una película mala, desde 'El hombre elefante' a 'Terciopelo Azul', y fundó la serie televisiva moderna con 'Twin Peaks', recibió ayer el León de Oro a la carrera del festival de Venecia. A cambio, regaló a la Mostra su último trabajo, 'Inland empire' (Imperio interior), un filme que, de forma equivalente, es una especie de culminación apoteósica, desmesurada y excesiva de su peculiar y turbador estilo. 'Inland empire' retoma, en principio, la senda de la magistral 'Mullholland drive', su anterior filme, pero luego va mucho más allá. Lynch no se corta, en todos los sentidos, porque dura tres horas y hace lo que le da la gana.

La primera hora de película es subyugante y aunque se mezclan los planos de casi todas las realidades posibles -sueño, pesadilla, relato, cine, radio, recuerdo, imaginación...- hay un hilo en la oscuridad que permite seguir adelante. Sin embargo, de repente Lynch rompe el hilo, renuncia a encerrar el relato y todo lo que sigue es caída libre. Y son dos horas más.

En medio de una atmósfera sombría e inquietante, en 'Inland empire' se empieza a perder pie y ya no hay donde agarrarse, porque en la pantalla se suceden pedazos de historias con lejanas o confusas relaciones. El cerebro y el corazón empiezan a carburar, buscando una salida y agitándose por las emociones, porque Lynch es un maestro único en tocar resortes escondidos, sin apenas esfuerzo y con una eficacia inmediata, a través de situaciones, sonidos, frases, personajes o música. Un mundo propio, la intensidad de lo que se ve y siente, es lo que sostiene la película, a través de excelentes interpretaciones y del único personaje central, Laura Dern, que parece la última rubia que se le escapó a Hitchcock.

Rumores de montaje

Lynch juega con el espectador, lo coge y lo suelta, se entra y sale de la película, porque hay momentos de distanciamiento, en que uno se pregunta si le están tomando el pelo, pero el muy puñetero es capaz de capturar de nuevo la atención con sólo chasquear los dedos. Es una película hipnótica en el que se corre el riesgo de despertar y no verle a nada ningún sentido. Una formidable experiencia fílmica que, la verdad, no descarrila en ningún momento, pero en la que cabe preguntarse cuándo y cómo va a parar. La sensación es que al filme, igual que dura tres horas, podían quitarle una o ponerle otra más. Hay una decena de finales y se supone que Lynch lo termina cuando él quiere, o se cansa. De hecho, se rumorea que la versión proyectada ayer no es la definitiva, porque le vendrían muy bien unos tijeretazos, y que será recortada para hacerla comercialmente digerible. La gente del Lido salió confusa, indignada, burlada, contenta, pensativa, es decir, alterada. Pero todos aguantaron hasta el final y luego discutían sobre la película. También hay quien se aburrió y le parece una basura. En fin, puro David Lynch.

«Cada película es entrar en un mundo nuevo, desconocido. No hay que tener miedo de utilizar la inteligencia y los sentimientos. El cine es un lenguaje muy bello y, como la música, va más allá de las palabras», comentó el cineasta en la rueda de prensa. A quien le pidió una explicación, le contó que había rodado la película sin saber exactamente en qué dirección iba. «Amo los misterios y no saber qué es lo que va a pasar, que se apaguen las luces, se abra el telón y entrar en otro mundo», confesó. En su propia definición, se trata de «una obra abstracta». «Quiere hablar a la intuición, algo que no es sólo racional ni emotivo. Todos tenemos un camino superficial, pero muchos trayectos interiores distintos, de esto habla la película, de este imperio interior».



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